Qué feliz me siento, de poder sentirme feliz.
Y de sentirme triste también
cuando ha surgido un desliz.
De pertenecer a una generación,
que todavía siente el sentir
justito aquí en el corazón.
Un privilegio nacer en tiempo
en que me pude enamorar,
desenamorar, gozar y sufrir,
ganar y perder,
con todos los matices
de alguna buena canción,
o del mejor Matisse.
Ah, qué feliz me siento
de haber nacido en el tiempo
de los que sabemos aún
leer y escribir con letras
y no con imágenes,
de sumar y multiplicar,
en papel y lápiz
o mentalmente.
Ay, felicidad!
De tener visceras para funcionar,
cuerpo en donde vivir
y una piel, para recibir
infinidad de caricias y besos,
aunque mi coche no vuele,
ni tampoco pueda teletransportarme.
Bendita capacidad de sentir como siento: tan rudimentaria, básica y satisfactoria,
como todos los que nacimos ayer. Amarillo y naranja
es ahorita mi alegría.

