Dónde está el buen puerto,
la pregunta recurrente
que estalla como ola
en el pecho del navegante
que salió solo, en su barca
confiando en el horizonte.
Horizonte que tras
muy pocas leguas
empezó a borrársele
como cualquier rayuela
dibujada con gis
en cualquier suelo,
bajo cualquier lluvia,
de cualquier día,
de cualquier vida,
que tal vez
tampoco importa.


