Hoy la tarde fue tan perfecta, como para que hubieras estado aquí.
Comimos pollo a las cien mil especias (exageré). Arroz blanco, de concurso y chucrut.
Nunca comiste chucrut conmigo, te hubiera gustado. Ahora recuerdo las cebollas encurtidas que preparabas "como a nadie le importa" (decías cuando algo te quedaba muy rico). Verte cocinando como si no hubiera mañana y yo admirándote como si fueras una escultura. Lo eras. Mi Adonis. ¿Mi? Qué palabra tan ajena a mí. Lo más querido ha escapado.
Hoy ha sido un domingo muy feliz, perfecto para que hubieras estado y sellar esta nostalgia súbita, haré un espresso casi como los tuyos, con espuma de azúcar. Tarde buena para jugar dominó. Te daría una zapatiza.
Deseo que tú seas muy feliz. Siempre lo pido.
¡Ay!, discutíamos demasiado, eso no era normal, fin de la historia por exceso de pasión. Qué ironía, eh! Mejor fue el tuallá y yoacá... Lo nuestro, tan demasiado bueno como para "siempre juntos". No nos veo envueltos de rutina y monotonía. No podría imaginarnos envejeciendo de la mano, no era para nosotros, traíamos demasiada juventud encima. Juntos hubiéramos matado el inmenso amor, que en este momento vino a desnudar Chopin, como si estuvieras aquí.
