Halcones y águilas,
cóndores y albatros,
se volvieron locos.
Vuelan sin orden
ni formación.
Ángeles y querubines,
se volvieron locos.
Lanzan trozos de nubes
con textura y fuerza
de meteoritos, que hieren
y atrasan todo lo que hay.
El viento al verlos,
enloquece también.
Sopla y gira sin cesar.
Obligando a los árboles
a hacer reverencias,
ya se agachan o tratan de esconderse, impotentes.
Los arranca el remolino.
Amanece.
Convertidos en hormigas,
una vez más, los hombres,
diminutos incansables,
lloran y cantan...
Y en su duelo...
Rescatan recogen y reconstruyen.
Salvan lo que se puede,
pero aún lloran y cantan...
Se resignan.
Trabajan incansables
Ya no se les nota el llanto,
pues sigue lloviendo
y siguen viviendo
y siguen luchando.
Nada más grandioso.
Las aves hoy vuelan tranquilas.
La cordura regresó al cielo,
ya los ángeles y querubines
duermen, bien regañados,
para no volver a hacer
algo igual jamás.
La tierra se sosiega,
para, como hormigas,
poder deshacer
entre todos
tal caos.
*Huracán Otis, Acapulco, Guerrero, México.


