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sábado, 23 de julio de 2011

Hoy llueve en Chihuahua


Hoy Chihuahua decidió bañarse. Bueno, en realidad desde ayer. Tenemos una ciudad de lienzo sabatino: atrapados por todos los matices del gris de un día nublado. Empiezan a surgir todos los colores que habían estado ocultos, desde sus escondites, de las casas, edificios, banquetas, calles.

Brotan de los jardines una, dos, cien flores, cada una con el deseo vehemente de ser la más bonita. Se escuchan sus risas, exclamaciones y una que otra discusión, tan sutiles como una emoción espontánea. Yo no sé que sea eso, pero suena a algo bonito.

Y, los cerros detrás de todo, imponentes, un poco más que el día que nos conocimos. Aquel día tan café y un poco lejano, que me marcó de evidencias de cerro las rodillas. Cuando entendí que las evidencias son muy ardorosas, al restregarlas mi madre con alcohol y merthiolate. Por eso pienso, que los cerros huelen a merthiolate, a barro y a mi madre.

Hoy Chihuahua es una ciudad contenta y agradecida con el cielo, por sus humedades, ya tan ansiadas, en este verano inclemente, que ha exagerado el bronce en mi piel.

Hoy en Chihuahua, los árboles estremecen sus ramas muy animosos, conteniendo en sus hojas todas las gotitas brillantes, que saltan desde lo más alto, para ofrecerles vida a todas las aves y abejas que llegan. 

Hoy Chihuahua es un dulce poema, que puedo tocar desde el portal donde estoy, al salpicarme de caricias el rostro, para delinearme en la mente cada una de mis facciones, lo que casi nunca suelo advertir.

Me gustaría que dentro de aquel barquito de papel  que se acerca, apareciera yo timoneando, por el río que se ha formado en la calle,  para dar saltitos y agitar mis manos, mientras grito insistentemente: ¡Esto es la vida!...

Jajaja... ¡Allí estoy!,  ¡de verdad!  con  5 años apenas,  pero, ¿que pasa!... no pude agitar las manos, ni brincar, cuando pasé junto a mí, por tanta corriente, y principalmente por los ladridos de Guango, que no sabe de éstas cosas... Pero intuye que algo muy lindo ha sucedido, en lo que también se empapa de lluvia. 




¡Ojalá qué la lluvia llegue a todas las tierras en sequía, como la que habíamos estado padeciendo nosotros, hasta antier! 

viernes, 22 de julio de 2011

Santa Clara del Cobre


Poblado que se encuentra a 235 minutos de Pátzcuaro, en la parte central del Estado de Michoacán, México. El nombre se le atribuye al asentamiento de un convento de las monjas de la orden de Santa Clara. Aunque en 1936 se denominó como Villa de Escalante, se le sigue llamando Santa Clara.  

Como tradición prehispánica, hasta la fecha, se trabaja el cobre fundido y martilleado, con lo que logran elaborar piezas de una gran belleza, muy conocidas en el mundo. 


El obispo Vasco de Quiroga, a quien los indígenas cariñosamente le nombraban Tata Vasco, fue quien influyó mucho en su forma de organización y perfeccionamiento de sus técnicas.

Actualmente, todo Santa Clara es un centro de elaboración, de todo tipo de artículos de cobre y aunque existe un museo, se puede considerar a todo el pueblo como un museo vivo y más importante. 
 Vale la pena conocer estos trabajos, en que estos conocidos artesanos convierten el cobre, de una manera tan aparentemente fácil, en verdaderas piezas de arte. 
 
Y... cómo cualquier artículo utilitario, por su singular belleza, puede ser capaz de provocar gran impacto, al convertirse en el protagonista de la decoración de cualquier espacio arquitectónico, no importando el estilo.

Pues existen piezas: muebles y artículos decorativos, en cuantos usos y estilos, la imaginación nos permita. 


Los artesanos de Santa Clara, son capaces de elaborar cualquier pieza con ese material, y también como complemento de otros materiales, en los que siempre, el cobre juega un papel central; aportando el detalle cálido, que difícilmente otros metales podrían brindar.