Los efectos del destino no son al azar, todo obedece a leyes eternas, lo lleno es vaciado y viceversa.
En nuestras manos está el éxito, si somos capaces de reservar nuestro brillo con modestia, cuando los demás despliegan su sabiduría.
Pues, nunca tenemos todo aprendido. Hasta lo que más conocemos, nos muestra matices que no habíamos visto antes.
Desarrolla en ti lo alto y lo profundo, que se complementan, con un efecto de llanura: es el equilibrio.
Cuando sea necesario poner orden, la verdadera modestia debe manifestarse, procediendo con vigor.
Siempre comenzando con el propio yo, pues cuando surgen las hostilidades, lo más fácil es culpar a los demás.
La modestia no es permitir que todo pase, también es necesario actuar con rigor, cuando se defiende lo justo. Sin jactarse de superioridad, ni herir personalmente, cuando sea obligada cualquier defensa.

