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jueves, 30 de enero de 2014

Me gusta transitar las calles desiertas

... Eso fue para mí un placer irresistible, hasta que transitamos por aquella ciudad, al día siguiente del huracán, día que más bien era noche, que la sustituía una nueva noche y muchas más, hasta quedar cubiertas -mi hijita y yo- por una apariencia de eternidad negra, como es cuando se reciben, bocanadas furiosas de la naturaleza.

 Escuchábamos solo nuestros pasos (de dos), que nos escalaban hasta nuestros pechos, para desgarrarnos las gargantas. Llorábamos brisa salada y nos lloviznaban lágrimas, que chupábamos con la ansiedad de no tener una gota de agua limpia para beber -cuando todo en aquella ciudad era agua- viendo al mar, a manera de despedida,  todavía dibujando con fango sus últimos graffitis, en los escasos muros y calles que lograron salvarse. 

Se multiplicaban los sonidos de nuestras pisadas -eso quisimos creer, y nunca lo discutimos- con sus ecos, y otros ecos, leves, simples, razonables, hasta que se apoderaron de todo lo que escuchábamos ecos endemoniados, al sentir únicamente la nada penetrante del despojo en el ser, de lo que no pueden hacer dos, que no encontraban a ningún otro ser a quien ayudar y tragándonos nuestra vulnerabilidad de madre e hija, totalmente expuesta.

lunes, 27 de enero de 2014

La correspondencia


"Cada pequeño gesto que supera la intención alivia, en nuestro mundo interior sentir la paz, desear la de nuestros seres queridos alivia. Dar amor y sentir amor alivia."
                                                                                       Raquel P.R.(aquí a su blog)

Encuentro mucho sentido en este comentario que me ha hecho Raquel P.R. Ella es así, mujer de paz, de "pequeños" gestos... entrecomillados, porque en realidad los considero grandes gestos y cuando son muchos, se transforman en bellos gestos, y si son un estilo de vida, entonces es un verdadero milagro. La amistad lo es. Esta amistad "extraña", me refiero a la bloguera, que se va logrando a distancia, que nos permite sentir el corazón de aquellos a quienes vamos queriendo comentario tras comentario y que a la vez nos hace latir emocionado al nuestro, es una maravilla. 

Dar amor y sentir amor alivia. Sabernos amados, ¡nos da la vida!

Yo creo... no podría no creer.  Pues en cada paso que doy, me encuentro una razón para creer, en muchas cosas de las que somos capaces los humanos, si nos atrevemos a perder el miedo, el miedo a abrirnos hacia los demás, con esos "pequeños gestos", que quizá y con toda esa su "pequeñez", sea lo que impulse a otros, en un momento de oscuridad.

Quien decide ser amigo, es fácilmente detectable, podemos distinguirlo enmedio de una multitud. Nos llega hasta las profundidades de nuestro ser. Nos emociona. Es el aliento.

¿Quién dijo que la informática es algo frío? Es lo que cada uno deseemos que sea. Podemos encontrar amistad, correspondencia, demasiado amor, de personas muy afines, aunque sea también posible que al vecino de al lado de nuestra casa no le conozcamos, y ni siquiera deseemos hacerlo, porque sus pequeños gestos diarios vayan en contra de lo que deseamos recibir. 

Gracias amiga, me diste con tu comentario,  la luz que estaba necesitando.

Gracias también a los demás amigos por todos sus grandes gestos, cada vez que me visitan, dándole sentido a este blog.