Traductor :

viernes, 24 de junio de 2011

Personajes


Cuando muere un personaje
ejemplar, me disminuyo,
me siento nada.
Pienso que me faltan razones,
que vivo sin causas, vana, inútil,
al poder reducir mi C.V.
a dos cuartillas ¡Sin obras!
¿Para qué he estado?
Y me surge el impulso 
de correr a ayudar.
Y busco en Internet,
instituciones, organismos,
para ir de voluntaria,
pero no encuentro ninguna.
Pues sólo hay, a montones:
Para enfermos de Sida,
de nativos mugrientos,
de víctimas de guerra,
o de drogadictos y locos.
En otros… ¡hasta pagan!
por las complicaciones,
con enfermos terminales,
en climas extremos,
flora y fauna salvajes, 
o, enmedio de guerras.
Para colmo, en esas partes,
la comida escasea y
ni siquiera utensilios ¡Falta todo!
No hay agua, ni para beber.
Si quiero, pero…
¡Cuánta incomodidad!
¿Y si enfermo?  ¿Y si sufro?
¿Y si muero?
En poquitos días,
olvido  la filantropía…
O más bien, mi sed de notoriedad,
y encomiendo mis intenciones,
a otro mártir sin prejuicios,
que quiera inmortalidad.

Sinceramente,

Humanidad

miércoles, 22 de junio de 2011

Todo está dicho

Nada es nuevo, sólo son ciclos, círculos,
que se cierran, igual que las puertas,
a diario, donde sea.

Ahora, muchos más están escribiendo,
cosas tan poco originales,  
como yo.

Causas, explicaciones, de lo mismo:
la vida, el mundo,  las pasiones,
o repulsiones. La diaria lucha.

Escribimos compulsivamente,
vertiendo en cada renglón,
la necesidad de respuestas.

Atados al idioma, para no asistir
a la terapia, con otro ser humano,
a veces más loco que uno.

Todo está dicho, todo está hecho,
pero más deshecho a la vez,
en este mundo tan sin ti. 


martes, 21 de junio de 2011

Paseo


Cuando decido caminar para olvidar:
El leproso, me estruja por dentro.
La pordiosera de pies deformes,
que se arrastra suplicando por unas monedas.
Me sacude.
El anciano que carga su revoltijo de recuerdos, 
herramientas y cacharros.  
Me hace tragar amargo.
Las cicatrices y roña en las manos del niño,
que trabaja rudo, desde más niño.
Me erizan la piel.
La mujer comerciante, a media calle y descalza,
que al sudar hambre, trasluce maltrato,
Me desintegra.
Esos otros invisibles, son los que me perciben,
restituyendo con su sonrisa mi existencia,
al tiempo que me arrebatan lo que quería olvidar.
Regreso bien rapidito, apretando muy bien mi envoltorio,
para contener la náusea, que me provocan los autores,
de esta sociedad perfecta.