Mi mente ya no funciona bien
desde que el mundo, dejó de ser
hospitalario, y los actos
exceden cualquier métrica.
Parece que enmudecí,
la irracionalidad del terror diario,
me hizo perder el ritmo
de las palabras.
Ni el corazón me late continuo,
En su permanente descontrol;
por tanto sinsabor, miedo,
sobresalto y maltrato.
Veo miseria,
desconsuelo, desamparo y
otras miradas de pánico;
clamando ¡Auxilio!
Mi piel, la de un reptil,
o un anfibio ¡Qué sé yo!
acostumbrada a “casi todo”.
Entre caricias e inclemencias,
mi organismo en general
está desvencijado.
(Suena mejor que enfermo).
Antes, mi alma tenía alas,
y mi espíritu era de hierro.
Hasta que la guerra
acabó con todo.
Ya ni mis sueños,
esos benditos
“flashazos” inconscientes
son placenteros.
Por ejemplo:
Anoche…
Después de decir “te amo”
¡Me acribillaste!






