Me gustan las puertas, por paradójicas, invitan a ser traspasadas y a la vez prohíben ingresar en lo ajeno.
Hoy las empiezo a entender, cuando me entero viendo ésta, que también ellas pueden tener corazón. Quizá por eso la incongruencia de algunas, que aun de magnífica apariencia, mediante un chirrido casi imperceptible, trasmiten su inconformidad o queja o burla o enojo.
Otras, que con desparpajo rechinan a todas voces, por si están contentas, por si están tristes... por si lo que sea.
También las calladitas, que así pase lo que pase frente a ellas, siempre se comportan como recién aceitadas, con su discreción elegante, guardándose para sí su gran importancia; no con falsa humildad, sino más bien integrándose a lo demás simplemente como "una parte de"... siempre mostrando gran clase.
En el actuar, no son siempre determinantes sus estilos, materiales, diseños... quién no ha visto alguna vez, algunas muy esculpidas, pulidas y de gran diseño, rebajarse en su abrir y cerrar, como si al aceptar el ingreso se les fueran a desprender las bisagras.
O unas que siendo muy rústicas, con un proceder tan de corredizas o giratorias: suaves, cadenciosas, con la misma amabilidad de las automáticas, sorprenden a quienes suelen estereotipar. Situaciones que disfrutan desde su eje, pasando por los goznes, pernos y balines, hasta el cerrojo ¡como las que más!
En el actuar, no son siempre determinantes sus estilos, materiales, diseños... quién no ha visto alguna vez, algunas muy esculpidas, pulidas y de gran diseño, rebajarse en su abrir y cerrar, como si al aceptar el ingreso se les fueran a desprender las bisagras.
O unas que siendo muy rústicas, con un proceder tan de corredizas o giratorias: suaves, cadenciosas, con la misma amabilidad de las automáticas, sorprenden a quienes suelen estereotipar. Situaciones que disfrutan desde su eje, pasando por los goznes, pernos y balines, hasta el cerrojo ¡como las que más!


