Jugando te dije:
“Aquí en mi barrio,
inventamos la luna llena”.
Y que un beso en su presencia,
desplegaba en los amantes,
un encantamiento irreversible.
Nos besamos antes, por mil lugares,
con lunas nuevas, menguantes,
llenas o crecientes…
Probamos nuestra superficie total,
en otros sitios antes,
logrando solamente despedidas.
Al besarme, cuando te dije el secreto,
“sobre la luna llena en mi barrio”,
se conjuró el presagio.
En ti, al fin nació el amor.
Pero me perdiste, solo por mi culpa.
Hoy te suplico: ¡Ya deja en paz a la luna!
*Ironizando un poco, sobre las constantes alusiones a la luna por los enamorados. Su defensa, pues no será grato recibir tanto peso, de decisiones que no le corresponden, ni le incumben y ni le importan ¿o si?


