No me quieras, que nada puedo ofrecerte (besándola) al conocerla… le expresa sincero.
Ella, se pierde en su abrazo, en sus ojos, sus manos, y el calor, del experto y “modesto”.
Me encanta su sencillez (piensa) y le cede su piel y sus besos.
Nada te puedo ofrecer (al acariciarla) mientras fuma… le dice de nuevo.
Ella, le regala sus ilusiones, sus sueños profundos, nuevos y los mejores.
Nada te puedo ofrecer (sosteniendo su cara con ambas manos)… ratifica muy bajito, rozando con sus labios su oreja.
Ella, al recibir ese aliento afrutado, se ciñe a su cuerpo y decide enlazar su destino al de él, dándole su amor total y su vida.
Nada te puedo ofrecer ¡Nada te puedo ofrecer! (retumba en su mente, el indómito eco)… ¡Me lo dijo, el cínico! Chilla, y se queda abrazada a la ausencia.
*Sobre advertencia no hay engaño.