Ante tantas pobrezas, úrgenos a todos atacar la apatía, sacudir la comodidad, descender al polvo. Rehuir la soledad del satisfecho, para ingresar a la solidaridad de los insatisfechos, salir de uno mismo para encontrarnos con los otros.
Vayamos como ríos, humedeciendo con el aliento durante nuestro trayecto, representando vida para todo lo que encontremos a nuestro paso, porque esa agua es para darla, no para retenerla, y tener más, no es a título de propiedad privada, sino de servicio colectivo.
"Io ho quello che ho donato" ("solo tengo lo que di", Gabriel D'Annunzio). Quien no sabe dar, ni darse, no sabe ser humano. Y, nunca presumamos de los servicios ni de nuestras buenas obras. Pues la entrega y la generosidad no es opción, sino obligación.



