Qué somos los blogueros, si no llorones.
que escapando de nuestras aflicciones,
construimos los puentes hacia otros,
igual de atormentados,
quienes tampoco aceptan resignarse,
quienes tampoco aceptan resignarse,
a la soez actuación de los fuertes,
que nos están degollando con la
presión,
que nos encajan, para ellos gozar,
en sus jornadas tan triviales y
llenas de todo,
mientras que minuto a minuto,
gracias a ellos, más gente tiene
nada.
Qué somos los blogueros, si no
inconformes,
solidarios y desplazados, escritores ignorados,
amorosos renegados, poetas clandestinos,
periodistas y reporteros sin
contrato ni pago,
que convertimos nuestros pesares
y las de nuestro pueblo en
letras,
y recortamos nuestros ideales,
como confetis multicolores,
donde entregamos tregüitas de
esperanza,
para quien entre a leer alguna entrada,
en la que hemos dejado nuestra alma entera,
sin que lo sepan.
sin que lo sepan.
Qué somos los blogueros, si no
buscadores
eternos, de las respuestas
inexistentes,
de palabras que no se inventaron,
de ilusiones que caducan,
en cada abrir y cerrar de
entradas.
Locos inadaptados, que vamos
socializando
y encontrando entrañables amigos,
del otro lado del mundo,
con quienes compartimos,
toda nuestra soledad buscada,
cuando nuestro instinto de conservación,
nos desarrolló la intolerancia al
sadismo
de la sociedad en que vivimos.
Qué somos los blogueros, si no soñadores
incurables,
que nos vamos queriendo sin conocernos por fuera
y a veces ni siquiera de nombre,
pues hartos de tantas mentiras,
vamos navegando incógnitos para estar a salvo,
dentro de la misma fantasía,
dentro de la misma fantasía,
en la utopía que estamos creando entre todos,
porque la necesitamos
para poder
seguir creyendo
que estamos vivos.
para poder
seguir creyendo
que estamos vivos.


