Con su llave
maestra y sigilo,
las lágrimas andan por nuestro ser,
esperando pretexto y ocasión,
para
abrirnos el pecho.
Qué
mediocres son las penas,
si para
abandonar el alma,
caben todas dentro
de las lágrimas, tan chiquitas.
de las lágrimas, tan chiquitas.
Que al
estrellarse contra el piso
o
evaporarse, desintegran
cada miga de
sufrimiento,
mágica y
definitivamente.
Cuando nos
escampa, llega la sonrisa,
que es el
arcoíris humano,
o la fotografía
del alma limpia.
Y colorín
colorado… ¡listos, felices, otra
vez!
*Esto se lo dedico a Lao, quien el otro día con su poesía limpió mi alma.