… Y te soñé verso, mi bien amado. Fue antier, que venía acariciando
cerros, interpretando nubes, contando rayitas de la carretera, buscando nidos
en los árboles inexistentes de mi desierto, acoplando otras letras a las canciones que sonaban, como hacías
tú, cuando escapábamos.
Fue después de una curva, amplia y franca como tu sonrisa,
que fui cayendo en tus brazos, o tú en los míos, o ambos, Como fue, como era, como nunca dejó de ser
desde que me enloquecí de negación. Qué lío hacen los verbos de la vida.
Surgiste breve, para entregarme el alma, con tus rizos entre
mis dedos y mi mano en tu nuca, atada a besos resbaladizos hacia tus
hombros, en la esquina de tus brazos y mi perdición, que mira con tu ausencia,
lo que la ha sublimado el tiempo…
Nota: La foto es de Samalayuca, desierto
que queda entre Chihuahua capital,
donde vivo y ciudad Juárez, también Chihuahua.


