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miércoles, 26 de junio de 2013

La tragedia de los gordos



Cuentan los aldeanos, que todos nacieron iguales, pero que un día les cayó una maldición.  A unos pocos de ellos, se les presentó la ocasión de comer en demasía… todo tipo de manjares, como si el mundo se fuera a acabar, hasta que ya no pudieron parar: se hicieron adictos a comer. Y dicen que desde entonces, no descansan, pues lo único que les importa, es ser más y más gordos. Obsesionados, ellos.

Paradójicamente, exigen a las mujeres de su propiedad, para conservar su sitio preferencial, ser bellas, divertidas, jóvenes, y principalmente: ¡delgadas! Ellas, les complacen en todo, se hacen adictas a los lujos que les otorgan los gordos, con que palian cualquier desdicha, que ellos les causan. Pues ellas, también, un día probaron y ya no pudieron detenerse.

Cuando los gordos se divierten con las otras o los otros, pues de tanto probar, llega el momento en que todo les sabe igual; las mandan a ellas, para que no estén de oquis, a hacer “obras caridad” hacia los flacos. Flacos a los que ellas detestan, lo mismo que los flacos a ellas; pero es como compran prestigio y condecoraciones, para las fotos de diarios y revistas del glamur, para que sus gordos puedan engordar más aún. 

Esa es la tragedia de la aldea. Los flacos dependen de ellas, ellas dependen de los gordos, y los gordos de los flacos; para poder, gracias a ellos, seguir engordando más y más y más. Ese triángulo, se transforma en círculo, haciendo que todos los habitantes de la aldea corran como hámsteres, en la rueda de la que ninguno logra salir disparado, pues es la misma rueda, que entre todos se esfuerzan por mantener girando y de la cual nadie quiere realmente bajarse.

lunes, 24 de junio de 2013

Los grillos



Me seguirán los grillos,

con su dorada música de violines,  

marcando con su pauta mi vuelo,

en las cuatro direcciones,  

para dar optimismo en las alboradas,

como si yo fuera Aurora

Y convertir en perlas mis lágrimas,

que rueden hasta el centro de los seres,

dejándose contagiar, por la tenacidad

 de mi orquesta de grillos, siempre.



sábado, 22 de junio de 2013

Siembra

 
Siembra y alégrate con la cosecha, pide y disfruta lo que recibas, aunque no coseches lo que sembraste, aunque no recibas lo que deseas.

Maravíllate con la bondad, de la caprichosa naturaleza, tan generosa como el destino. Que, en la maceta donde sembré chile habanero, me han nacido flores.

¿Qué flores? ¿Cómo se llaman? ¡Qué sé!, apenas las descubrí ayer, muy espichaditas y tímidas, pero muy hermosas... cuando descifrando enigmas, en la noche yo estaba.

Hoy, les preguntaré su nombre, y les exigiré explicaciones. ¡Claro que sí! Y... si no logro respuesta, no me quedará más opción, que deleitarme con su belleza y brindarles hospedaje, agua y alimento, que no me pidieron, pero que ellas necesitan. Entonces... ¿Quién sigue dando?

Tú siembra,  que algo de seguro saldrá. Si sale algo bueno ¡bien! que si no sale... ¡igual, bien!, si no lo alcanzas a ver frutos, ¡bien! Lo importante es que tú sembraste, con esperanza y con amor, lo que te hizo ilusionarte. Y por lo demás, resígnate al azar.

¡Qué difícil es esto del agrarismo!

¿Qué pensará el vecino que sembró flores y le aparecieron chiles habaneros? Cabe la posibilidad ¿no?