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miércoles, 15 de enero de 2014

¡Pobrecita, compadre!



Fue pésima idea, de veras que la desesperación empuja a cada locura, no sé cómo me fui a la ciudad sin nada a buscar trabajo.  Después de toda la noche en el tren, que bajo y ¡diantres! Me congelé. No podía ni moverme, el viento tan helado parecía que me acuchillaba. Solo era, caminar o morir.

¡Pobrecita, compadre! Cómo decirle…  la cara de esa mujer a verme ante su casa. Después de andar rajando calles, y toque y toque puertas, de lado a lado, sin nadie que quisiera abrir, como en un lugar sin gente,  enredado en la cobija que se aferró Mercedita que me llevara, jajaja, como la caricatura que hacen de nosotros. Ni pensar que hubiera hecho sin esa bendita cobija: ¡Cuaz! allí caído muerto a media calle, la misma mañana en que llegó, un absoluto desconocido, y me hubiera muerto con el pendientazo de dejar acá a la Mercedes, también muerta en vida… llena de rabia, cuando ella nunca quiso que me fuera así, a conquistar la ciudad.

Todo desgreñado y traqueteado,  vaya usté a saber lo que yo parecía, que linda cara no tengo, lo sé, agréguele, en ese trance... toqué tan fuerte a su puerta, como si fuera cobrando cuentas, exigiendo compadre, ya no buscando ayuda, exigiendo, le repito… Tan arrebatado y feo de modos, como usté jamás me ha visto, en toda la vida. Recién llegado y yo ya era otro.

Me temblaban hasta las pestañas, creo que solo le dije que acababa de llegar de la sierra  -es que usté, mi compadre ni podría imaginarse nunca el frío que hacía- ella, luego luego me metió al zaguán y corriendo me trajo dos tortas enormes, que me supieron a gloria y un tazón de café muy cargado y dulce, con licor. Yo que ni tomo, me lo bebí  todito, me revivió.

Me dio esta chamarra y un billete.  –No tengo más, cuídese -me dijo-   así fue que busqué chambas, para juntar con que regresarme esa misma noche,  con los hombros caídos, ¿a qué iba a quedarme más tiempo por allá? pensando en todo el camino lo que me diría la Mercedita, que me rogó que no me fuera y yo terco a que ya sería mejor irnos enfilando pa’ la ciudad. ¿Qué estaba pensando, compadre? … Usté por qué no me dijo, “qué está loco compadre, cómo se va así a lo tarugo y sin siquiera con algo para llegar, o de perdida algún conocido.” Si allá está más feo todo.

La cara que puso al verme aquella mujer, un revoltijo de miedo, compasión, dolor, pero principalmente mucha tristeza.  Pues aunque trató de mirarme con dureza, muy penetrante,  como miran los animales amenazados, le di mucho miedo, se sintió muy frágil, y cómo no, en las formas que me le presenté…  a saber cuántas cosas les pasen por allá, para estar tan ariscos y no abrirle a extraños. Pero ella fue un ángel y… ¡Pobrecita!

domingo, 12 de enero de 2014

De tamal, mami!

- ¿Y... te escogieron para la pastorela?

- Sí, idé de tamal -contesta el niño muy decepcionado-

- ¿Cómo, de tamal? ¿Y qué hace un tamal en una pastorela?

- No sé, mami... ¡Yo quedía id de bodeguito, no de tamal! -llora-

Al día siguiente, busca la mamá a su maestra, para aclarar.

La maestra le dice que su hijo irá de Rey Mago, y le muestra el nacimiento que colocaron en el salón:


Nacimiento elaborado con hojas de elote.

Aquí está la descripción de tamal por Wikipedía



jueves, 9 de enero de 2014

Odiosa Gatúbela

Le tomó mucho tiempo perdonar a Gatúbela por su sorpresiva  intromisión, cuando de Superman se disponía a abrir la válvula del tanque de gas de repuesto, mientras su réplica de Superman (hermano menor) encendería el cerillo, para juntos volar en pos de la “libertad y la justicia”.

Le costó mucho esfuerzo, aceptarse con inferiores dones que su vecino, quien siendo “solamente” Batman, sí pudo volar por todos los aires, tan exitosamente, que nunca más regresó de su misión.

En la cocina de la tía, ligeramente mayor que ellos, quien se encargaba de cuidarlos, cuando sus papás salían a divertirse… por el silbido del agua caliente en la tetera, 30 años después, le apareció aquel recuerdo, que le empuja a abrazarla (a la tía): Gracias, Gatúbela... ¡tan odiosa, siempre! Ante la expectación de los demás en la sobremesa, quienes escucharon por primera vez, la historia de lo que era “secreto hasta la tumba”. Entre las carcajadas de todos, surgió su pena por el pobre de Batman...