Solo déjame preparar a los niños.
Fin del diálogo, en la última noche de vacaciones, entre Elizabeth y Javier,
mientras los hijos dormían y ellos, en el balcón de su
suite, acordaban divorciarse, por iniciativa irrevocable de él, quien se fue a dormir, con la placidez de la comprensión de ella.
Omito todo lo escatológico,
psicológico y emocional que Liz sintió hasta que amaneció, asida de las olas
plateadas y todo ese rollo ridículo de las paradisíacas playas caribeñas, ante situación
de fracaso, manos vacías, auto sacrificio profesional, cuando al más pequeño le
diagnosticaron un síndrome, apoyo eterno al Javi, y pendejadas “mínimas” ¡por su familia! (Omitido
quedó, jaja!)
Prisa-niños-Javi-maletas-regresar por lo que casi olvidan que los niños escondieron-liquidación de cuenta-bellboys-taxi-aeropuerto-vuelo-estacionamiento-subirse a camioneta-todos-completos-o sea sin olvidar a nadie-dejar a Javi en hospital (médicos ambos)-regresar a casa-los chicos-la comida-alacena-súper-cena-uniformes-útiles-escuela-la
ayudante-la ropa-terapia del menor-repartición de todos-las clases de piano-las
de inglés-la gimnasia-el karate-el teléfono-el celular-el mensaje-el correo-el
watsap-por suerte, no tiene blog-pagar las cuentas-exigir la garantía de la
pantalla-el instalador-el trámite-las batas del Javi-los amigos que vienen a
cenar-los compadres-la mamá ¿por qué no te has reportado?-Los hermanos confiándole
sus broncas. Día-tarde-noche-día… ¡Apúrate, que se hace tardeee!!… Liz, en cataléptica
derrota y abreviando mucho sus funciones.
El plazo llegó. Los cuatro hijos,
marido y ella reunidos:
–Papito y yo los amamos y adoramos, pero nosotros
dos ya no nos entendemos, por eso discutimos tanto. Todo porque me he puesto
vieja, gorda, malhumorada, descuidada, regañona… ¡fatal! Por eso, descansaré…. Y…
Él se casará con una mujer maravillosa; jovencita, alegre, hermosa y muy
comprensiva, que adorarán. Ella los cuidará, atenderá y amará, haciendo mucho
muy feliz a su papito y a ustedes.
Yo me iré, para que ustedes no
extrañen lo que es suyo. En cuanto yo descanse y haga muchos trámites, me
verán, siempre que yo pueda recibirlos, porque volveré a trabajar y ya no
tendré tanto tiempo. Pero siempre estaré para lo importante en que me necesiten.
Al principio les dolerá, como a nosotros, es natural, lloren… apóyense en todo
con la que será la nueva esposa de papito, que vendrá en cuanto yo me vaya y apóyense
en él.
Confíen, todos seremos más felices
muy pronto –Lágrimas de los niños, abrazos, besos, te quieros y lo usual, amortiguado
con el aplomo de Liz, ensayado, premeditado y estudiado durante muchos días previos, sintiendo todo lo contrario a lo que estaba aparentando.
Entregó las llaves de su vehículo
y casa, al marido, documentos, tarjetas de crédito, etc. etc. Apretó su desempolvado
título.
-Como quieras Javier, voluntario
o por abandono de hogar. No pelearé nada material… Hagan lo que quieran con las
cosas que yo usaba, no las quiero. Por favor, sé muy feliz. Gracias por lo que
viví contigo. Te quiero ¡Chau! y abordó un taxi, llevando solo la ropa puesta.
Envía desde el taxi un mensaje: Mija*:
“Javi te espera en la casa, es todo tuyo, sé feliz, no tardes”, Liz.
*Mija: palabra de cariño, muy usual de madre a hija, entre mujeres conocidas, o para alguien a quien se le ordena hacer algo, o para marcar límites, diferencias, edades, niveles sociales, edades, un tanto despectivamente. Aplíquenlo como mejor les parezca.