que te de, si me das,
que te visite, si me visitas,
que te sonría, si me sonríes.
que te considere, si me quieres,
que te quiera, si me adoras. No me pidas milagros,
que soy humano... y -desconfiado- falta que te lo crea.
Y el dador, rebelde a morir,
siempre queda entre la mente
que le grita: cambia, cambia ¡No des más!
y el corazón que le susurra: no cambies, no cambies ¡Da!
Se acostumbra, no es que aprenda... sino que
se resigna, ¡se jode! (más claro)
y da sin esperar nada a cambio,
eso que se le dice "incondicional".
por la ley de causa-efecto-causa-efecto...
que siempre se cumple.
Y no sabe como expresar todo ese torrente
emocional, que regenera y restaura y aviva,
el ser del dador; quien a golpe de portazos,
desprecios, adioses y demás durezas humanas,
se desacostumbró a recibir linduras.
...Cuando sucede,
regresa al centro, a la confianza,
a la esperanza de que el ser humano,
a pesar de tantas derrotas,
no ha perdido el corazón.
Al menos no todos, no todos...
Una sola persona dadora es capaz
de regresarnos toda la fuerza
que creíamos perdida...
Y cuando son una veintena,
¡qué belleza!
Y cuando son una veintena,
¡qué belleza!

