Se quedó con esa herencia indeseada a la muerte de su esposa y aunque no pudo rechazar semejante legado, en el trance de promesas-despedidas... pensó que podría zafarse de él.
Lo transfirió a una institución
Lo regaló a su tía anciana
Lo subió en un camión de ayuda a una zona desastre
Lo lanzó a toda velocidad en la corriente de un río
Lo subió a un transporte de emigrantes... ¡y regresó ileso todas las veces!
Al viudo con el tiempo, se le descompuso al máximo su carácter... En un arranque de hartazgo, mientras transcurre su rutina refunfuñadora de hoy, en un tono más cercano a la tristeza que al enojo, "Perpetuo", al percibirlo, calcula que es el momento idóneo para acercarse y ser aceptado, muy sigiloso se encamina a demostrarle su total solidaridad, pero el hombre lo advierte antes y lo lanza a la calle por el balcón desde el tercer piso.
Lo transfirió a una institución
Lo regaló a su tía anciana
Lo subió en un camión de ayuda a una zona desastre
Lo lanzó a toda velocidad en la corriente de un río
Lo subió a un transporte de emigrantes... ¡y regresó ileso todas las veces!
Al viudo con el tiempo, se le descompuso al máximo su carácter... En un arranque de hartazgo, mientras transcurre su rutina refunfuñadora de hoy, en un tono más cercano a la tristeza que al enojo, "Perpetuo", al percibirlo, calcula que es el momento idóneo para acercarse y ser aceptado, muy sigiloso se encamina a demostrarle su total solidaridad, pero el hombre lo advierte antes y lo lanza a la calle por el balcón desde el tercer piso.
El animal por suerte, abre a tiempo su paracaídas, se reincorpora y recoge de la calle toda su dignidad despanzurrada, antes de que se la remate el camión recolector de basura, dignidad que guarda con avezada destreza en su mochila de alpinista, junto a sus miaus que allí contiene y regresa de inmediato, colándose por una ventana; más abnegado, ronroneante y con cierta esperanza de gastar mejor su penúltima vida, junto al hombre, que le prometió a su ama cuidar siempre.


