cada vez
que voy al encuentro
de los demás...
A ellos, no les sirve
mi amargura,
mi desazón
mi preocupación
o desencanto...
Porque los demás,
no son culpables
de lo que yo sienta
tampoco
si yo no soy capaz
de sacar las piedras de mis zapatos.
Por más herida que me sienta,
nadie merece
ser el depósito de mi basura.
Además,
ya están ocupados
en resolver lo de
las piedras en sus zapatos...


