Al dejar de amarse
empezaron a hablar más
no dejaban
un instante
libre de palabras
Pero la incomunicación
desbarataba
todos los disfraces
que le imponían
para arremeter
furiosamente
con todas las armas
del vacío
a esos dos
ya distantes
mas presos
en su torbellino
de ruido.
Traductor :
jueves, 16 de julio de 2015
domingo, 12 de julio de 2015
Alucinaron los tiranos
Sin miras de regeneración, mejor prohibieron al pueblo manifestarse, quejarse, narrar, externar, decir, compartir, reproducir, grabar, evidenciar el avasallamiento, las malas prácticas y los abusos de los grandes consorcios, funcionarios y autoridades.
El indefenso pueblo: acató, enmudeció, se paralizó y resguardó en sus casas (¡Claro, claro!, quienes aún tenían), pero todos quedaron ocultos y dispersos, o séase: inexistentes, dentro de su invisible carcelita.
Sin embargo, los dueños, ejecutores y cómplices del sistema, en vez de disfrutar de la supuesta tranquilidad que les representaría contener a los detractores; se sintieron perseguidos, acosados y agredidos por una imparable "oleada de invisibilidad, inmovilidad y mudez". Hasta que...
Sin embargo, los dueños, ejecutores y cómplices del sistema, en vez de disfrutar de la supuesta tranquilidad que les representaría contener a los detractores; se sintieron perseguidos, acosados y agredidos por una imparable "oleada de invisibilidad, inmovilidad y mudez". Hasta que...
Vieron a una partida de pancartas y carteles, que sin participación humana, desfilaban y se manifestaban por doquier, y que además, se iban reproduciendo al ritmo de su miedo y angustia, más rápido que su alocada respiración, hasta que abarcaron todos los sitios en descomposición del mundo.
Acá, allí, allá y más allá de acullá, discretos carteles sin letras impresas, vacíos, mansos, ordenados, calladitos, solamente circulando, sin reclamos, ni alusiones a personas, actos o circunstancias. Todos "respetando muy respetuosamente" completita la nueva ley... en su condescendiente dinámica en blanco, ¡Sí, en blanco!
Acá, allí, allá y más allá de acullá, discretos carteles sin letras impresas, vacíos, mansos, ordenados, calladitos, solamente circulando, sin reclamos, ni alusiones a personas, actos o circunstancias. Todos "respetando muy respetuosamente" completita la nueva ley... en su condescendiente dinámica en blanco, ¡Sí, en blanco!
Los creadores y ejecutores de la ridícula y retrógrada ley, desesperados, acudían a atención médica, psiquiátrica, oftalmológica. ¡Claro!, ya antes habían intentado con escapes a sus fincas vacacionales, al masajista, al yoga, a centros holísticos, al temazcal, al santero, a las montañas, al club, al bar, a la ópera, al diseñador de imagen, al esteticista, al botoxista, de circuito por otros continentes o sus islas exóticas. Pero nada, nada, aliviaba lo que sentían con los no mensajes tan activos. Su padecer era algo más doloroso que si de súbito les hubiesen ordenado 'ponerse a trabajar en vez de delinquir o abandonar las banalidades'.
... Luego de esas alucinaciones, siguieron las auditivas. Les gritaban lo detestable que era su naturaleza, con sus errores, sus crímenes, sus traiciones. Y, no habituados a escuchar a nadie, menos a las voces de su interior-puesto-que-las-entregaron-en-el-mismo-paquete-cuando-vendieron-su-alma-al-inicio-de-su-carrera-tras-su-diosecillo-dinero, no lo soportaron. Pues, además de escucharlas por primera vez, también fue por primera vez en su vida que entendieron el significado y magnitud de lo que eran y les provocó pesar.
Así que uno a uno fueron desapareciendo: dimitiendo, huyendo, autoencarcelándose, brincando desde lo alto de edificios, unos hasta se ahogaron en vasos de agua, otros se ahorcaron con las pestañas de sus amantes y así... usando todos ellos, los más choteados métodos de fuga por las puertas falsas, corredizas y hasta giratorias, sin arte ni para desaparecer. Contaron que hubo un juez que se echó a la mar de desprestigio que lo llevó hasta el fondo, por haber defendido a una repudiada mujer, de quien en mala hora se enamoró.
Los suicidios más dramáticos, fueron los de quienes se asfixiaron por su hedor, que ya no pudieron ocultar sus exquisitos perfumes; o dentro de sus piscinas, que su esencia de mierda convirtió en pantanos.
El caso es que para no caer en redundancias o escatologías... se autoaniquilaron de uno en uno, ante la presencia de los cuantiosos grupos de pancartas y carteles sin mensajes, de su imaginación.
Y, como en el juego infantil de "Las estatuas de marfil", al contar 1, 2 y 3, los del pueblo salieron de sus guaridas y recuperaron su vida en libertad... mientras que los más listillos ya empiezan a organizarse para ... No, ¡no! Mejor se queda por un rato el final optimista.
Así que uno a uno fueron desapareciendo: dimitiendo, huyendo, autoencarcelándose, brincando desde lo alto de edificios, unos hasta se ahogaron en vasos de agua, otros se ahorcaron con las pestañas de sus amantes y así... usando todos ellos, los más choteados métodos de fuga por las puertas falsas, corredizas y hasta giratorias, sin arte ni para desaparecer. Contaron que hubo un juez que se echó a la mar de desprestigio que lo llevó hasta el fondo, por haber defendido a una repudiada mujer, de quien en mala hora se enamoró.
Los suicidios más dramáticos, fueron los de quienes se asfixiaron por su hedor, que ya no pudieron ocultar sus exquisitos perfumes; o dentro de sus piscinas, que su esencia de mierda convirtió en pantanos.
El caso es que para no caer en redundancias o escatologías... se autoaniquilaron de uno en uno, ante la presencia de los cuantiosos grupos de pancartas y carteles sin mensajes, de su imaginación.
Y, como en el juego infantil de "Las estatuas de marfil", al contar 1, 2 y 3, los del pueblo salieron de sus guaridas y recuperaron su vida en libertad... mientras que los más listillos ya empiezan a organizarse para ... No, ¡no! Mejor se queda por un rato el final optimista.
*Sin dedicatoria, acatando pues.
viernes, 10 de julio de 2015
Nomás asegúrate
¡Métele toda la velocidad que quieras!
nomás asegúrate de que:
eres lo suficientemente hábil
tengas la condición necesaria
traes un buen motor
no haya agentes viales a la vista
no haya cámaras de seguridad
no se te crucen otros más imprudentes
o faltos de pericia
y de qué no esté el semáforo en rojo.
Donde por cierto,
te alcanzará
quien acabas de rebasar.
Considera que
llegarás cuando deba ser,
no cuando tú quieras... por más que corras.
La liebre y la tortuga, tienen su fábula.
nomás asegúrate de que:
eres lo suficientemente hábil
tengas la condición necesaria
traes un buen motor
no haya agentes viales a la vista
no haya cámaras de seguridad
no se te crucen otros más imprudentes
o faltos de pericia
y de qué no esté el semáforo en rojo.
Donde por cierto,
te alcanzará
quien acabas de rebasar.
Considera que
llegarás cuando deba ser,
no cuando tú quieras... por más que corras.
La liebre y la tortuga, tienen su fábula.
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