Cuentan que hace muchos años, en este rancho grande, por el Cerro de La Cruz, un señor con muchos problemas, todos los días pasaba por allí, se arrodillaba y como el más humilde de todos los humildes, rezaba ante la Santa Cruz....
Muy pronto, todos sus problemas se le resolvieron y hasta se sacó la lotería.
Después, pasaba en su vehículo nuevo y de lujo y sin detenerse siquiera, solo decía rápidamente. ¡Adiós cruz, adiós cruz!
¿Suena familiar?
"Ingrata...
no me digas que me quieres,
no me digas que me adoras....
porque no te creo nada" (dice la vieja canción)