En mi caminata por el parque, la vi tan elegante, fina y antigua, leyendo sentada en una banca; que con impertinente curiosidad la interrumpí con una vaguedad. Muy amable, me invitó a sentarme con ella, guardó el libro y me ofreció de un estuchito metálico dulces de especias. Tomé uno gustosa y ella otro.
-Lo leí en la secundaria -dije del libro-
-Sí lo recuerdo -respondió, y escondió en su sombrero un rizo que jugaba en su cara-
-¿Cómo sabes? ¿Tú estabas? -sorprendida-
-Sí, siempre. Pero no me habías querido ver, porq...
Rebatí sin mirarla, un tanto abochornada porque mentía. Pero ella se sacó uno de sus guantes, y me levantó la cara con maternal calidez.
-No importa, no te preocupes... Si no lo hago yo, que soy la mismísima soledad... Y nadie desea mi compañía... me temen, me ofenden, me evitan y rehuyen todos los días...¡sola e inmaculada por siempre! -sonrió muy iluminada y divertida- -Pero... Me entretengo de mil formas, disfruto mucho, créeme ¡Vivo!
-Pgrjgñg... es q...
-¡Shh!... Si me aceptaran, nunca estarían solos.
Luego cantó algo sin expresar palabras, era una canción muy suave y fraternal, que salía de su corazón... hasta que me abrazó la paz deliciosamente, que me trajo el primer recuerdo de ella niña.