Traductor :

sábado, 5 de diciembre de 2015

Navidad en diciembre

Es que:

Navidad en diciembre
Santos Reyes en enero
Vientos huracanados febrero y marzo
Para abril o para mayo
En junio ¡No! qué calorón
Julio y agosto las tempestades
En septiembre las fiestas de Independencia
En octubre mi cumpleaños
y en Noviembre la revolución más
los preparativos
como es costumbre
de las posadas de diciembre...

El Pacheco... un emblemático chico de barrio: flaco, altísimo, de anémica palidez y más marihuano que desgarbado; recitaba esas sus razones por las que no podía conseguir trabajo. 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Reporte sobre el seguimiento del caso de Filogón

Tal y como era de suponerse, la ama de Filogón (aquí)  no entendió y sigue descuidándolo.  

El atropellado, ausente por varios interminables y llorados días, pero finalmente resucitado, sigue en la calle. Lo mismo acompaña a los niños a donde sea, que sigue a las señoras que regresan con sus bolsas de mandado (principalmente) o que ladra a todos los mala facha que pasan por su casa, y en las tardes come orondísimo en una fonda cercana.  

Ayer, en cuanto vio que salió Cuca a sus baños de sol en abonos, venía a toda carrera a lisonjeársela (cosa que a Cuca la revienta, no soporta galanteos).

En esas estábamos cuando ¡Oh! (me puso la adrenalina al límite y quedé con cara de ¡Oh! por mucho rato con el corazón a mil). Pues fue hasta el mismísimo borde de su acera que se frenó chirriando patitas traseras, y esperó paciente. Al despejarse la calle de carros, todavía miró insistente izquierda derecha y cruzó con un civilidad maestra, gallardo, guapísimo, que por eso lo cuento (pero a Cuca no le gusta, "que para eso ella ya tiene a su marido, al que le es fiel", dijo y de inmediato se metió, dejándolo con toda su guapura y con su ¡hola guapa! a flor de hocico).

El desencanto no fue excusa para que el Filogón regresara a su casa, con la misma precaución. 

¿Que los golpes no enseñan? ¡Ja! El Filogón es ya experto cruzacalles.



domingo, 29 de noviembre de 2015

El robo a la adivina

-Vamos los dos... yo la consulto y al salir, tú distraes a la vieja con lo que sea...  yo se lo robo. Al fin que ya confía en nosotros. 

¡¿Te imaginas en nuestras manos?! Nos haremos millonarios, carnal ¡Total! Ella, ya está más pa'llá que pa'cá. Ni cobra y nosotros necesitamos ya formalizar un buen bisnesín ¿L'entras?

-¡Órale!, me cái que simondor!

-¡Te rajas!

-¡Nel! Pero tú te avientas todorria la gestión, yo sólo te desafano a la ruca. 

-Hasta le haremos un favor, es mucho exponerse a su edad y sola, con tanto pillo que no falta, recibiendo a sabe Dios que diantres de desconocidos con qué entraña para sus adivinaciones en su cantón.
. . . . .

Dicho y hecho... esa misma tarde. 

Todavía jactándose de su fechoría, llegan a la cantina del Ruper y reúnen a medio mundo. 

-¡A ver, a ver!, dice Ruper. Pregúntale cómo... blablabla.

-Órale, pero con varito por delante. De a milán por piocha.

-¡Achis, achis!  primero demuestra y luego cobras, cabrón. 

-¡Bien-tos!, pero de perdis cáite con una ronda pa' todos los presentes, testigos, circunstantes, conexos y futuros asiduos clientes... que les voy a resolver la vida en caliente y de volantín a tochos morochos. Nomás calmen su turno bien tranquilinos que esto tiene su ciencia y pide gran concentración.

Con ademanes de adivinador consumado, lanza las monedas las seis veces y dibuja el primer hexagrama en una servilleta...  abre ansioso el libro en lo mismo que entra el silencio al ambiente, como una bocanada desde la contrabarra.

En la página de las referencias de los 64 hexagramas, buscando el correspondiente al trazado, lee para sí: "Jijiji...Jojojo...jujuju. Si me pregunta el necio o el indigno, no doy respuesta". manuscrito con tinta de pluma fuente.

-¡Cómo? ¡No puede ser! - y va hasta el inicio, y al abrir hoja tras hoja, se va escribiendo lo mismo y otros enunciados similares, en letra cursiva antigua muy garigoleada, de izquierda a derecha, de arriba a abajo, inclinada, curvada, en círculos, triangular, piramidal, en relieve y en 4D.

Ante su gélida estupefacción, un impaciente parroquiano, le arrebata el libro:

-¡Presta pa'cá! ¡Pa mí que no sabes leer güey!...

Corren ríos de carcajadas, insultos y burlas. El empresarial adivinador en ciernes, lívido, sudoroso, tembloroso y muy espantado,  le da fondo a su copa y pide más.

-¿Qué transa, bato? Me sacaste de onda -le dice al oído su cómplice.

No le responde nada.

Uno a uno de los presentes van abriendo el libro, pero todas las hojas están ahora en blanco.

-¡Tanto desmadre, para robarte un puto cuadernito, ca...!, ¿qué pues, carnal? 

-Les juro que... si hubieran visto... pue... ehgr. 

-¡Ya!, ¡Ya!

-Que de adivino tú no tienes...

-Ni al caso.

-¡Bah!

-Fiasco de adivino adivinador adivineitor.

-Carcajadas.

-¿Qué loco, mai? Si la cuentas ni te la creen, me cái.

-Neta. 

En la rokola sonando: "Échame a mi la culpa de lo que pasa, sabes mejor que nadie que me fallaste... lleno estoy de razones pa' despreciarte, y que una nube de tu memoria, me borre a míiii" (Casualidades, como le dicen a eso que pasa, cuando todo va cascando sin querer).