Aquella tarde transcurría sin chiste, no taciturna, ni con alguna otra característica, era solo así: sin chiste. Y yo, caminaba de su mano, aburridas, sin rumbo, ni motivo, ni objetivo; fusionadas -la tarde y yo- con una libertad que más nos sabía a hastío o aburrimiento, que a gozo.
Sin embargo, no duró mucho nuestra vagancia pueril... pues nos sorprendió un arcoiris, espectacular!! Con la misma actitud caprichosa de casi todos los arcoiris que me ha tocado la suerte de conocer.
Tal parece que eligen las tardes más feas y aburridas: "sin chiste", para luego lucir ellos aparte con toda magnificencia y siendo esta siempre mayor que la de todos los arcoiris previos. Son vanidosos, caprichosos y protagonistas, como queriendo hacernos olvidar a todos los demás. Y conmigo sí lo logran, yo no recuerdo el arcoiris de cuando tenía 5 años o 17, o 25.... recuerdo este del que estoy hablando.
O quizá sea que yo tiendo al olvido. Pues me dicen, por ejemplo, que el primer beso no se olvida, y la verdad es que yo no lo recuerdo. El que se me ha quedado revoloteando por los labios y todo mi recuerdo, siempre, ha sido el último, fue un beso desplegable, multiplicable e insustituible como si no hubiera habido un solo beso anterior y para que no hubiera otros besos más.
Puede ser que hayan habido más, pero ese es el yo recuerdo como "el beso". Igual de protagonista que este arcoiris de la tarde reciente y sin chiste con la que compartí él pequeño trozo de mi vida que voy a contar.
Tal parece que eligen las tardes más feas y aburridas: "sin chiste", para luego lucir ellos aparte con toda magnificencia y siendo esta siempre mayor que la de todos los arcoiris previos. Son vanidosos, caprichosos y protagonistas, como queriendo hacernos olvidar a todos los demás. Y conmigo sí lo logran, yo no recuerdo el arcoiris de cuando tenía 5 años o 17, o 25.... recuerdo este del que estoy hablando.
O quizá sea que yo tiendo al olvido. Pues me dicen, por ejemplo, que el primer beso no se olvida, y la verdad es que yo no lo recuerdo. El que se me ha quedado revoloteando por los labios y todo mi recuerdo, siempre, ha sido el último, fue un beso desplegable, multiplicable e insustituible como si no hubiera habido un solo beso anterior y para que no hubiera otros besos más.
Puede ser que hayan habido más, pero ese es el yo recuerdo como "el beso". Igual de protagonista que este arcoiris de la tarde reciente y sin chiste con la que compartí él pequeño trozo de mi vida que voy a contar.
Entonces, aquí no queda... pues hablaré acerca de un robo, como lo dice el título de la entrada.
