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domingo, 27 de marzo de 2016

A domingo sabe la nieve

O, a nieve sabe el  domingo.

Con Juanita, aquella vecina de la niñez, solo era de un sabor.   Y moríamos de impaciencia por verla salir a su portal con el par de garrafas, para comprarle todos los mocosos del barrio.

Sabía a leche de vacas de verdad, azúcar morena de verdad con canela y un toque sutil de vainilla de verdad. Era de color rosa pálido, también de verdad.

Tanto que complican hoy elegir entre tantos sabores. Los he probado todos, en las cadenas de neverías, para terminar casi siempre pidiendo de nata, que es la que un poquillo puede parecerse a la que hacía Juanita...

Claro, ahora de saborizante artificial, con aditivos, esponjadores y cremas de de mentiras. Exquisitas, pero nunca como aquella, que por cierto, la hacía los sábados... Y sabían a domingo.

jueves, 24 de marzo de 2016

Dragón de luz

Todo había sido destruido. La muerte suspendida en un columpio invisible, nos mecía en sus brazos… el frío nos endurecía.

Caían nuestros sentimientos, como gotas fraccionadas, en su vaivén. Siguió el derrumbe y quedamos sin forma, ni color, ni sonido, ni esencia. Totalmente acabados.

En esa oscuridad, desde las cenizas y el silencio, surgió algo parecido a un dragón, con una energía muy profunda, que sin estruendo alguno,  nos tocaba compasivamente.

Nuestros cuerpos volvieron a vibrar. Vimos a contraluz cada pedazo de nuestro ser y de los demás cuando iban reincorporándose.

La muerte y el odio aterrorizados nos soltaron. Por instinto nos sujetamos los humanos unos a otros, en una cadena sin fin, viéndolos desaparecer por completo.

Brotó nuestra sed de renacer. El Dragón voló y confiados lo seguimos, hasta elevarnos, en un sólo trazo de amor y luz.

Allí, Dios recuperó su fe, justo cuando estaba por aceptar, que el libre albedrío había sido un error y pensó: "Dios permita otra oportunidad".





*Reeditado, de febrero 2011.

martes, 22 de marzo de 2016