¿Alguna vez te han fallado?
¿Alguna vez te han insultado?
¿Alguna vez te han traicionado?
¿Alguna vez te han mal interpretado?
¿Alguna vez te han burlado?
¿Alguna vez te han exhibido?
¿Alguna vez te han calumniado?
¿Alguna vez te han mentido?
¿Alguna vez te han golpeado?
¿Alguna vez te han rechazado?
¿Alguna vez te han dejado de hablar?
¿Alguna vez te han ignorado?
¿Alguna vez te han abandonado?
¿Alguna vez te han sustituido?
¿Alguna vez te han odiado?
¿Alguna vez te han discriminado?
¡A mí, sí!!!, que no todo es vida y dulzura.
No sé dónde quedaron
esas personas,
pero sí sé
que todo eso
fueron bendiciones,
porque aprendí
entre muchas cosas útiles,
a perdonar, a ser más resistente, resiliente
y a usar mejor
mi invisible
paracaídas integrado.
Les doy las gracias por su entusiasta participación
en lo que hoy soy.
Nada de lo que iba a ser,
pero también ¡me gusta!
Traductor :
viernes, 15 de julio de 2016
sábado, 9 de julio de 2016
Hace falta mucho coraje para amar
Hace falta
mucho coraje para amar
siendo testigos
de una humanidad
que nos la desmoronan a diario.
Hace falta
la fuerza de mil caballos
en nuestra voluntad
para seguir creyendo
que pasará la tormenta.
Cómo no sentir pena
—por ejemplo y a propósito
de lo de Dallas—
hacia los marginados de Estados Unidos, condición más dolorosa e inconcebible, que ser marginados en un país pobre...
Porque en su país tan rico y poderoso,
capaz de turistear
en otros planetas
por snobismo
—en vez de subsanar
los destrozos de sus guerras— se hace abismal
la diferencia de clases
y brutal la segregación y la discriminación.
Es muy fácil comprender
a sus veteranos de guerra...
a los niños, a los jóvenes
y a sus familias
que enloquecen cualquier día
y vengan sobre quien sea
que les represente su sistema,
toda la rabia
de lo frustrante
que es su cautiverio involuntario,
del que ni siquiera tienen conciencia que lo es,
por el permanente
lavado del cerebro
de "que pertenecen
al país más libre del mundo",
siendo lo contrario.
Y los mantienen
además de drogados,
ajenos toda realidad exterior.
Hace falta demasiado coraje
para seguir amando
porque solo el amor
posibilita el perdón
necesario y urgente
para luchar por la vida
y por la paz
en el mundo desquiciado,
que por lo menos a mí,
me destruye.
mucho coraje para amar
siendo testigos
de una humanidad
que nos la desmoronan a diario.
Hace falta
la fuerza de mil caballos
en nuestra voluntad
para seguir creyendo
que pasará la tormenta.
Cómo no sentir pena
—por ejemplo y a propósito
de lo de Dallas—
hacia los marginados de Estados Unidos, condición más dolorosa e inconcebible, que ser marginados en un país pobre...
Porque en su país tan rico y poderoso,
capaz de turistear
en otros planetas
por snobismo
—en vez de subsanar
los destrozos de sus guerras— se hace abismal
la diferencia de clases
y brutal la segregación y la discriminación.
Es muy fácil comprender
a sus veteranos de guerra...
a los niños, a los jóvenes
y a sus familias
que enloquecen cualquier día
y vengan sobre quien sea
que les represente su sistema,
toda la rabia
de lo frustrante
que es su cautiverio involuntario,
del que ni siquiera tienen conciencia que lo es,
por el permanente
lavado del cerebro
de "que pertenecen
al país más libre del mundo",
siendo lo contrario.
Y los mantienen
además de drogados,
ajenos toda realidad exterior.
Hace falta demasiado coraje
para seguir amando
porque solo el amor
posibilita el perdón
necesario y urgente
para luchar por la vida
y por la paz
en el mundo desquiciado,
que por lo menos a mí,
me destruye.
miércoles, 6 de julio de 2016
Errores en macro
Errores, nos invaden los errores. Nos acorralan los errores, nos manejan con los errores.
Y nosotros ignoramos todo, en esa ignorancia infinita tan humana. Entonces especulamos, reaccionamos, instintivamente.
Luego nos damos cuenta de que ha sido un error, cuando ya estamos enmedio del odio de unos a otros, una vez más.
Después, los productores de los errores, aceptan sus errores y se disculpan, con un cinismo que nos deja helados, perplejos, patidifusos. Como si fuera tan fácil asimilar que arrasan con países completos.
Y no pasa nada, porque nada podemos hacer, porque nada se les hace a los responsables,
porque no existe la justicia, además aunque se aplicara, de qué forma se reparan ya todas esas vidas perdidas...
De qué forma se restauran familias desmembradas...
De qué forma consolamos a nuestro corazón atiborrado de silencio impotente, por los errores de las grandes potencias. De qué manera recuperamos la calma y la confianza. De qué manera renacemos.
Y nosotros ignoramos todo, en esa ignorancia infinita tan humana. Entonces especulamos, reaccionamos, instintivamente.
Luego nos damos cuenta de que ha sido un error, cuando ya estamos enmedio del odio de unos a otros, una vez más.
Después, los productores de los errores, aceptan sus errores y se disculpan, con un cinismo que nos deja helados, perplejos, patidifusos. Como si fuera tan fácil asimilar que arrasan con países completos.
Y no pasa nada, porque nada podemos hacer, porque nada se les hace a los responsables,
porque no existe la justicia, además aunque se aplicara, de qué forma se reparan ya todas esas vidas perdidas...
De qué forma se restauran familias desmembradas...
De qué forma consolamos a nuestro corazón atiborrado de silencio impotente, por los errores de las grandes potencias. De qué manera recuperamos la calma y la confianza. De qué manera renacemos.
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