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jueves, 7 de septiembre de 2017

A menos que...

A costa de agravios constantes, estamos borrando al cosmos. La tierra, pobre tierra. ¿Pobre tierra?  ¡Pobres yo-tú-él-ella-nosotros todos!

Y se creía que la termita era muy destructiva. Cuánta candidez. A esta tierra ya le arrancamos de una tarascada  "in" de la palabra infinita, que lucía tan brillante en la marquesina, el día de su premier.

Descompusimos al mundo. Lo rodamos sin aceite a desquiciada velocidad.  Sin límites, sin freno, sin alma, sin destino y sin empaques, colándosele ahora el agua al motor, para abonarse todas las vidas que ha querido, sin contar con que seguimos pendiendo de las manos de dos opuestos psicópatas, que nadie logra desactivar, a menos que los parta un rayo.


lunes, 4 de septiembre de 2017

Lipograma con e, i , y

* O sea, sin vocales: a, o, u.
(Aclaración que hago gracias a la amable aportación de nuestro amigo Jubi en su comentario).
Como en el vaso medio lleno o medio vacío : ) según se quiera ver.
. . .

¡Detened el tren!
Desciende septiembre
el célebre mes
rebelde y de brete
si es kermés.
Depende del temple
y del templete, mi gente.
Depende de Él.
Si es de crecer, de ceder,
de deber, de creer.
Deletreé eme, ese, erre,
etecé.
Mes de mente,
mes de ser, de sed de té
de Pepe y Teté.
Mes breve de éter
y de Ester.
Decrece el verde
es perenne el celeste
en el mes de tres "e".
Bebe jerez,
es breve el edén
sed Zen (de sed y de ser)
en septiembre feliz!


viernes, 1 de septiembre de 2017

Reuma existencial

El frío ya se está asomando y no me gusta que quita libertad de movimiento con tanto empalme. Porque hay menos horas de luz y no se puede andar igual de confiados en las calles, que por oscuras se tornan más peligrosas.

Pero lo que menos me gusta, es que muchos no tienen ropa para empalmarse, ni casa, ni techo, más la inseguridad que ya torean siempre.

Los pájaros se van o se mueren, se acaba todo el colorido de las flores y los árboles se quedan desnudos, justo cuando más hojas necesitarían, a mi ver.

Y me invade la impotencia de no poder impedir que mueran de frío tantos hijos de Dios, desperdigados por el camino, desperdiciados. Habiendo recursos suficientes para todos.

Me incomoda mi comodidad en invierno. No puedo sentirme bien en lo calientito, sabiendo cómo están en la calle, en el campo, a la intemperie, tiritando. En el verano, hasta con agua pueden ir resolviendo.

No me gusta el invierno, porque se me abren más los ojos a la desigualdad. Y me contrapone mucho con otras personas que sin hambre, ni frío, ni peligro, no intentan ser felices, por ocio, vacío o ingratitud, que nada bueno aportan, pero ah, cómo contaminan con sus reumas existenciales... Como yo, al escribir esto.