El futuro de cada uno, el destino, es la muerte. Pasamos por el trayecto de vida, en que nos alimentamos física, emocional y espiritualmente, cada quien a nuestra manera: Como nos inculcaron, como aprendimos o como "Dios nos da a entender".
Pero ahora resulta que la inhumana ciencia, ha avanzado a tal grado, que los especialistas se encargan de demostrar que son más que Dios y se toman la atribución de prolongar agonías por tiempo infinito, a aquellos enfermos que ya no son capaces de alimentarse de ninguna forma. Y las familias lo consienten... Por un supuesto amor, que es más egoísmo que amor. Porque si supieran amar, no permitirían que les fueran tasajeando a su ser querido y aceptarían su muerte natural. Por la esperanza de que se alivie, e ignoro en qué la sostienen. O, por no tener el remordimiento, por no haber hecho todo lo posible por su familiar.
Aunque el tipo de agonía no es algo que se pueda escoger. En eso tampoco hay justicia. Gente muy buena, muere de forma espantosa y viceversa. En mi humilde opinión, si se debe frenar la continuación del sufrimiento, cuando ya es nula la posibilidad de mejoría del paciente.
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miércoles, 25 de septiembre de 2019
domingo, 22 de septiembre de 2019
Pequeña nota
Cumpla otoño el deseo de que:
Quienes gocen, lo hagan con tal plenitud y gratitud, que su estado irradie a los que estén sufriendo.
Quienes gocen, lo hagan con tal plenitud y gratitud, que su estado irradie a los que estén sufriendo.
martes, 17 de septiembre de 2019
Indiferencia
Es muy fácil saber el origen de los problemas sociales de hoy.
Vemos a alguien en situación vulnerable y viramos nuestra atención hacia lo agradable y no nos damos por enterados.
Cuando nos damos cuenta, hacemos como que lo que vimos, lo vimos mal.
Si no podemos evitar percatarnos, justificamos: "No me incumbe", "no soy yo, ni ninguno de los míos".
Pero... A diario, alguien se queja de lo mal que está la sociedad.
¿Qué hace cada quien, qué hago yo, qué haces tú, por erradicar la decadencia moral de la sociedad?
"No me corresponde", "no tengo tiempo libre", "todavía no tengo edad", "ya estoy por encima del bien y del mal", "no voy a meterme en problemas por gente que ni conozco".
Con respuestas así, evadimos nuestra posibilidad (responsabilidad) de ayudar. Aunque una pequeña, una mínima acción, que nada nos quitaría, podría ser de enorme ayuda para alguien. Incluso, podría salvar su vida.
Como ejemplo de esto, mi publicación anterior, en que, para mi sorpresa, hasta llegaron a comentar: "linda y tierna historia".
Sobre el maltrato a menores. Uno de cada 100 personas, se entera y decide ayudar. Y como los 99 no apoyan, ese 1, muy poco puede lograr, sin más testigos que quieran involucrarse. El maltrato a menores es incuantificable. En muchos casos, es un problema que queda oculto.
Vemos a alguien en situación vulnerable y viramos nuestra atención hacia lo agradable y no nos damos por enterados.
Cuando nos damos cuenta, hacemos como que lo que vimos, lo vimos mal.
Si no podemos evitar percatarnos, justificamos: "No me incumbe", "no soy yo, ni ninguno de los míos".
Pero... A diario, alguien se queja de lo mal que está la sociedad.
¿Qué hace cada quien, qué hago yo, qué haces tú, por erradicar la decadencia moral de la sociedad?
"No me corresponde", "no tengo tiempo libre", "todavía no tengo edad", "ya estoy por encima del bien y del mal", "no voy a meterme en problemas por gente que ni conozco".
Con respuestas así, evadimos nuestra posibilidad (responsabilidad) de ayudar. Aunque una pequeña, una mínima acción, que nada nos quitaría, podría ser de enorme ayuda para alguien. Incluso, podría salvar su vida.
Como ejemplo de esto, mi publicación anterior, en que, para mi sorpresa, hasta llegaron a comentar: "linda y tierna historia".
Sobre el maltrato a menores. Uno de cada 100 personas, se entera y decide ayudar. Y como los 99 no apoyan, ese 1, muy poco puede lograr, sin más testigos que quieran involucrarse. El maltrato a menores es incuantificable. En muchos casos, es un problema que queda oculto.
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