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sábado, 16 de noviembre de 2019

Nazca un canto

Nazca de las gargantas voluntarias,  un canto, que se eleve y viaje y amplifique... hasta que ningún opresor,  represor, usurpador, abusivo, traidor y enemigo de los pueblos vivos y felices, pueda dejar de escucharlo.

Un himno tan potente, que les paralice su codicia y falta de respeto, hacia los pueblos que en todo su derecho expresan su inconformidad y rebeldía, de no seguir siendo destruidos y despojados.

Un himno tan dulce, que no exente a un solo corazón oxidado,  amargo y cruel, para frenar sus actos ofensivos.

Un himno que calle a los que prejuzgan y prejuician y condenan, ignorantes de todo lo que en verdad sucede.

Más alto, más fuerte, más sentido, más sincero, más puro, canten gargantas voluntarias. con toda el alma... Hasta que el canto se convierta en paz.
Pero paz con justicia, con libertad, con dignidad. No condicionada, no disfrazada, sea paz de verdad. 

Más alto, más fuerte... Canta con todo tu sentimiento de amor.  Para que también nazca, el perdón de los ofendidos, cuando todos los invasores, retroceden y se retiren, de los territorios que no son de su propiedad y no les pertenecen, ni por la fuerza.

Canten hermanos, para inutilizar la ira y que las bendiciones sean hechos. El amor es más.


jueves, 7 de noviembre de 2019

De precauciones

Versión femenina:

Acompañé a mi amiga, a retirar dinero de un cajero automático.

Me quedé afuera, vigilando...  Desconfié de un hombre que llegó enseguida.

Entonces, pensé en cómo evitar su robo, inspirada en las películas de artes marciales. Es muy simple, lo he visto muchas veces... Medio giro hacia atrás y patada al cuello. Calculé su estatura. ¡Sí, puedo derribarlo! Él me miraba con insistencia, pero disimulé tan bien, que jamás podría intuir mi sorpresiva defensa.

El hombre, se puso muy nervioso, cuando ella iba a salir y nos miraba alternadamente.

Yo, muy discreta tomé la posición estratégica de ataque. Pero al salir mi amiga, el hombre, entró muy apurado a la cabina.

Nos fuimos y le conté a ella, mi sospecha. Miramos varias veces, para cerciorarnos de que no nos siguiera.

Versión masculina:

Por poco y no retiro el efectivo, solo había una mujer antes en el cajero, pero me pareció una eternidad, porque afuera estaba una mujer, que hubiera jurado que quería atacarme. Se veía muy... loca, desquiciada.

Sentí tal miedo, que entré casi corriendo a la cabina, donde me encerré. Cuando estaba por llamar al 911, vi que se alejaba junto con la otra mujer. De seguro pretendían: una, amagarme y la otra, vaciar mis cuentas.