Si eres una persona sobresaliente,
ante los demás:
A la belleza física, discreción
A la inteligencia, humildad
A la felicidad, silencio
Al amor, silencio
Al éxito, mesura
Tus sueños, escóndelos
bajo llave.
Aplaca tu vanidad,
si cuentas con algo sobresaliente.
No hay mayor anzuelo
para la envidia, que la vanidad.
Y la envidia destruye comarcas
y reinos enteros.
Envidiosos los hay, en el fuero más íntimo, en el círculo de los
que tú crees más francos y leales,
en los que más confías.
Esos que crees que son tuyos.
Por eso la traición, es traición.
Los enemigos no traicionan,
atacan y lo esperas.
La mesura aleja a los envidiosos.
Traductor :
martes, 25 de febrero de 2020
viernes, 21 de febrero de 2020
Las emociones
El desajuste emocional de las personas, por donde miremos es problema del día a día y en aumento.
Pero ¿Qué hacen las personas, por atraer pensamientos positivos, por alimentarse bien, por ejercitarse, por oxigenarse, hidratarse, ojo, con agua, erradicar los 4 venenos blancos, por alejarse de malas noticias y personas, por respirar bien, por dejar todo tipo de adicciones, por perdonar a todo su clan y perdonarse?
¡Nada!
Es más cómodo seguir cargando la muerte en vida, minimizados, limitados, mermados, secos, que asumir el compromiso con ellos mismos, para cambiar la cantaleta quejumbrosa, su aliada chantajista.
Es más fácil encontrar un pretexto para sufrir día con día, que tener la voluntad para salir del pozo. Adictos al malestar van por ahí, apesadumbrados.
Y, los médicos alópatas y las farmacéuticas siguen enriqueciéndose. Porque hasta para los tratamientos, el ser humano, elige la medicina cara y de efecto inmediato, que solo adormece síntomas y no cura, en la mayoría de casos, en vez de lo natural, más lento, pero más beneficioso, con disciplina, paciencia y amor, para superar enfermedades... o mejor aún, cuidarse con disciplina, amor y paciencia también, para no enfermar.
Cada tanto tiempo, inventan una nueva enfermedad que garantiza las ganancias cuantiosas de las farmacéuticas y de países enteros.
¿Qué entrañas tienen los científicos que se prestan a eso? Son unos criminales. No tienen ni una pizca de humanidad, ni de vergúenza o dignidad.
Pero ¿Qué hacen las personas, por atraer pensamientos positivos, por alimentarse bien, por ejercitarse, por oxigenarse, hidratarse, ojo, con agua, erradicar los 4 venenos blancos, por alejarse de malas noticias y personas, por respirar bien, por dejar todo tipo de adicciones, por perdonar a todo su clan y perdonarse?
¡Nada!
Es más cómodo seguir cargando la muerte en vida, minimizados, limitados, mermados, secos, que asumir el compromiso con ellos mismos, para cambiar la cantaleta quejumbrosa, su aliada chantajista.
Es más fácil encontrar un pretexto para sufrir día con día, que tener la voluntad para salir del pozo. Adictos al malestar van por ahí, apesadumbrados.
Y, los médicos alópatas y las farmacéuticas siguen enriqueciéndose. Porque hasta para los tratamientos, el ser humano, elige la medicina cara y de efecto inmediato, que solo adormece síntomas y no cura, en la mayoría de casos, en vez de lo natural, más lento, pero más beneficioso, con disciplina, paciencia y amor, para superar enfermedades... o mejor aún, cuidarse con disciplina, amor y paciencia también, para no enfermar.
Cada tanto tiempo, inventan una nueva enfermedad que garantiza las ganancias cuantiosas de las farmacéuticas y de países enteros.
¿Qué entrañas tienen los científicos que se prestan a eso? Son unos criminales. No tienen ni una pizca de humanidad, ni de vergúenza o dignidad.
lunes, 17 de febrero de 2020
Ágape
A dónde te has ido, amado mío.
Quisiera que algún conocido
un amigo mutuo
fuera a tu encuentro.
No es que te quiera ver,
ni eso, ni mucho menos.
Porque sé que vives muy bien,
como tú querías y me alegro.
<Se besan y se bendicen
las alas de quien se ama>.
El invierno ya se está yendo.
El manzano se llenó de flores.
Todas ellas, prospectos de frutos,
tan dulces como lo que siento
al verlas.
Tú quédate allá
solo regrésame el alma.
La necesito
para cerciorarme
de que esta emoción
que me embarga
tan profundamente
con el espectáculo
de flores y abejas,
es éxtasis y no una vulgar
crisis histérica de soledad.
Quisiera que algún conocido
un amigo mutuo
fuera a tu encuentro.
No es que te quiera ver,
ni eso, ni mucho menos.
Porque sé que vives muy bien,
como tú querías y me alegro.
<Se besan y se bendicen
las alas de quien se ama>.
El invierno ya se está yendo.
El manzano se llenó de flores.
Todas ellas, prospectos de frutos,
tan dulces como lo que siento
al verlas.
Tú quédate allá
solo regrésame el alma.
La necesito
para cerciorarme
de que esta emoción
que me embarga
tan profundamente
con el espectáculo
de flores y abejas,
es éxtasis y no una vulgar
crisis histérica de soledad.
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