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viernes, 10 de abril de 2020

Monstruífero

De la incredulidad, pasó a la negación. De la negación al inconformismo. Del inconformismo a  la rebeldía y de la rebeldía a la imprudencia.
Con la imprudencia, se echó calle abajo a lo libre y con un contento a todas luces.
¡Claro... la sorprendieron! y la llevaron a su respectiva prisión domiciliaria, con multa, vídeo y todo.  Señalada por todos los vecinos del barrio.
Allí, en ese momento de oscura soledad, le fueron surgiendo todos los monstruos, con los que se las había visto siempre. Que si la tía, que si el amigo, que si los hermanos, que si la maestra de la primaria... ya saben. Pero ella no les iba a dar cuerda todos los días siguientes. Así que se fueron desplomado, debilitando y esfumando.
A la cuarta semana, ya solo le quedaba un monstruo. El de sí misma. Y aunque podría dejarlo sin alimento y a lo sumo, le duraría vivo una semana y media y ya liberarse del todo, emocionalmente.  Nooo... Lo cuida con delicado afán. Pensando en que logrará el permiso oficial para sacarlo a pasear al parque, a falta de perrito. En eso está. Redactando su caso al ayuntamiento.

* Esto inspirado en la entrada sobre monstruos, "Pragmatismo # 16", de nuestra amiga:

Laura del blog Lo que no te dije

: ) Abrazo, amiga. Abrazos, amigos todos.

miércoles, 8 de abril de 2020

Ti o tí

Ti debería llevar acento,
como mí,
porque si haces, piensas o dices,
algo hacia mí,
el acento le imprime gran énfasis a la i. De inmediato yo sé
que se trata de mí y nadie más.

En cambio si yo hago, pienso o digo algo para ti.
Esa i sin tilde,
queda muy sosa, débil...
Sin la misma intensidad.
Y a dónde se va mi emotividad,
esa mi efusividad, tan tuya.
Es como si recibieras de mí,
una correspondencia
muy deslucida, a medias.

 Aquí la ortografía está mal.

Cuando me dirija a ti,
será con acento.
Y tú sabrás que se trata
de algo, no para aquel
o aquelotro u otra.
Sino de algo
exclusivamente
para tí.
Con toda la autoridad
que te otorga el hecho
de que yo soy solo de tí.

sábado, 4 de abril de 2020

Asombro

Como en los antiguos tiempos, hoy vive la naturaleza.

Aves de todas las variedades, plagan los árboles, revolotean y cantan a toda dicha: libertad, libertaaad.

Los árboles,  con las hojas más grandes y perfectamente bien dibujadas,  crecidas sin prisa, ni miedo, planean tranquilos, sin tener que estar una primavera más, a la defensiva, su producción más perfecta  y generosa de frutos.

Cuentan que ya están bajando a las ciudades, a sus anchas, los animales salvajes. Woow!

Dichosa, majestuosa, portentosa, vive la naturaleza, a salvo de su depredador, ¡por fin, al fin! castigado por su despiadada y violenta personalidad.

Cuánto asombro, al ver hoy con esta claridad, lo mucho que estorbamos, menoscabamos, dañamos y matamos a la vida, estando en libertad.

Ojalá, ojalá, despierte la conciencia en la humanidad, hoy en su más que merecida cárcel.

Ojalá, ojalá y si acaso renace, se mantenga en el respeto, el agradecimiento, la fe. Por su bien. Solo por su bien... Pues está comprobado que la vida seguirá mucho mejor sin nosotros, si seguimos sumidos en la soberbia e ingrata estupidez de creernos más de lo que somos.