Ni un minuto más. A las seis veintiocho sonaría la alarma. Todos los días le gano, desde hace dos o tres años. Antes, trasnochaba mucho y tenía que poner un par de alarmas más y no escuchaba ninguna, las apagaba dormida, para al final salir volando y llegar a donde fuera al límite. Aún así, siempre he sido muy puntual. Cuando se podía salir, dichosos tiempos en el exterior de los cuatro muros, me gustaba concertar las citas en horarios inexactos: 6.13, 7:28, 11:36, me parece aburrido lo de 3:00, 1:30... Los números cerrados, cuartos de hora, a las medias horas.
¿A quién podría importarle algo tan insulso como lo que cuento?
Pero es una forma de regresar a esta casa virtual, después de mucho correr en estos días con cara de lunes todos, desde las 6:27 a.m. hasta las 8:33 p.m. en que podría tal vez, ver el capítulo setecientos de la novela turca con la que me enganché a lo lindo. Y que si no fuera porque tengo que ganarle al despertador por la mañana, me quedaba hasta terminarla, en el capítulo 1135 en que más o menos estimo que será :)
Nada... Que aquí ando. Disculpas por mis faltas a sus casas. De mucho me habré perdido seguramente, que son muy creativos y mucho los admiro, porque la verdad yo ya estoy con la mente en blanco. Pero mañana le ganaré al despertador por 2 minutos y 19 segundos. Una de mis más emocionantes competencias actuales. Por decir.