Acabo de enterarme de que los versos libres, no son libres. Y de que tú, que sí lo sabías, no quisiste arruinar mi candor, con semejante revelación. Callaste para proteger mi inocencia y te lo agradezco. Me contentaba creer que había libertad, por lo menos en poesía.
Ay, es que soy tan niña y mientras más vivo, más infantil voy siendo... porque a base de traiciones, me quedé (me dejaron) más básica y tuve que acostumbrarme a la alegría nomás porque sí, per se.
Ya no tengo cosas qué cuidar y en mi mochila solo cabe mi esencia, quedando solo el espacio necesario para mis muchas ilusiones, distorsionadas, descabelladas, imposibles todas, único modo en que logran seguir siendo tan libres como mi alma, como mi corazón, que nadie pudo echar a perder o aprisionar, ni con mares de deslealtad o maldad, pues los guardé en el más secreto, seguro e inviolable escondite: ser anónima.

