La tarde en que empezó el verano, un colibrí llegó hasta la banca donde yo estaba sentada y se posó justo enseguida de mí. La emoción de alegría que me hizo sentir en esos segundos, me durará por mucho tiempo. Pues nunca había logrado estar tan cerca de uno y menos que él solito llegara a mí. Fue un privilegio, con gran significado personal.
Obvio, ni video, ni foto... pero era como este.


