Vivir es un milagro lo suficientemente grande, como para agradecértelo cada día.
Somos tan perfectamente funcionales, que nos damos cuenta, hasta que algo nos falla. Ya sea que nos duela un meñique, un menisco o nuestro talón (de Aquiles) que entonces si venimos a hacerte las peticiones o los reclamos o los repudios.
Caramba con nuestra ingratitud y nuestra vanidad de creernos los muy papas fritas.
No sé si te damos coraje o lástima. Aunque dicen que todo comprendes. Pero mientras más te amo, más pequeña sé que soy y que en toda mi felicidad, siempre he dependido de lo que tú decidas para mí y eso me ahuyenta todos los miedos, haciendo de la desdicha algo pasajero y llevadero, con la fuerza que da el que vivas en mí..
Contigo, la felicidad no necesita nada más para estar aquí.
Gracias.