Nunca me he inscrito ni en facebook, ni en otras redes, ni voy a hacerlo.
Pero tuve whatsApp. Y aunque entré con muchas reticencias, sí me resultaba muy práctico en ciertos casos.
Sin embargo, me saturaban los mensajitos, fotos, memes, gifts y demás ocurrencias de mis contactos. Y cuando requería de espacio para enviar o descargar algo importante, tenía que eliminar envíos y en varias ocasiones, por error, eliminé información que no quería eliminar.
Más las alertas que aun silenciadas, no cesan de mantener algún foquito encendido hasta abrirlos y que consumen carga.
Lo cancelé y ha sido un alivio no tener whatsapp. He recuperado la comunicación telefónica, espaciada y más efectiva, sincera y profunda, que la inmediatez va anulando. Me he sentido más libre. El whats me hacía sentir invadida y hasta cierto punto presionada.