Va tan pesado el mundo
con su existencia herida
y su integridad deshilachada
que al recibirlo cada mañana,
es una roca sobre la espalda.
Porque amanecer
con pájaros roncos,
sobrevivientes de huracanes
y ciclones, de atentados
y terremotos
todavía temblando de miedo,
en campos cementerios ¡No es vida!
Es que el mundo, trae su vida a medias.
(va moribundo el mundo)
Y eso se sabe, por la punzada
que desde la fuente de sentimientos,
sea el corazón, el hígado o el alma,
provoca irrefrenable estremecimiento.
Es cuando una mirada
sin hipocresía ni maldad,
la mirada de un niño, al que aún
no le echan a perder su esencia amorosa,
nos toca y nos salva la esperanza.
Allí el mundo, vuelve a rodar
como pelota entre sus manos,
feliz de ser liberado
del maldito hechizo
con el que el odio humano,
lo ha ido despedazando.
Si un poeta que no esté abatido
pudiera describirlo,
con un hilo de amor y pureza...
