La bondad y la belleza, nos siguen sorprendiendo. En cualquier pequeño espacio, en un rincón o en un margen que había sido olvidado.
Será mejor confiar y replicar sus mensajes, para que el amor recupere su máximo poder.
La bondad y la belleza, nos siguen sorprendiendo. En cualquier pequeño espacio, en un rincón o en un margen que había sido olvidado.
Será mejor confiar y replicar sus mensajes, para que el amor recupere su máximo poder.
Un monito de nieve se creía diferente y se apartó de los demás. Pero luego llegó otro junto a él, que también se creía diferente. Después otro y otro y muchos. Hasta que fueron una multitud de monitos de nieve diferentes. Como si solo estuvieran esperando a que alguno se expresara, para todos, seguirlo.
Igual como pasa en cada nueva generación, con las corrientes y las tendencias, al final fueron más los supuestamente diferentes, los que no querían ser del montón, que los iguales a los que no querían pertenecer. Entonces, nada tenían que los hiciera diferentes.
Solo quedó un monito común y corriente. Por ello, relucía y sobresalía entre todos, resultando ser en realidad el único diferente y sin tener que hacer tanto argüende de distinción. Incluso les dijo:
- Ey, diferentes, no se queden allá tan solos y apartados, los invito a una gran fiesta que organicé, para celebrar la tradición.
Ni tardos, ni perezosos, los diferentes aceptaron y disfrutaron igual que si fueran de los que ellos se excluían.
Pero cuando el sol salió, no hubo pose de exclusividad que sirviera a ninguno y todos corrieron con la misma mala suerte.