En cuanto abro los ojos,
cada vez, agradezco.
Y vuelvo a querer
que predomine en el mundo
la fuerza del amor,
esa gran energía
que construye, comparte,
alienta y une.
Regresa el día cada vez
y mis sueños siguen como el lago.
¡Piensa cómo es el lago!
La esperanza constante
en que somos
mayoritariamente
buenos para la vida
y no sólo lo tan negro
que reportan las noticias.
Al despertar cada día,
vuelvo a ver, que a pesar
de tanto sufrimiento,
la frescura, la paciencia,
la humedad, la claridad y la quietud, siguen en el lago,
en mi lago interior,
en el tuyo.
Y me sereno
y me renace la seguridad
en que todo va a mejorar.
Porque
no echaremos
en saco roto
la belleza de tanta luz.
* Lago de Arareco, en Chihuahua, México. Imagen de Irly que nos la comparte.



