A nadie le gusta ser nadie.
Un "gracias" (simple ejemplo) puede hacer el día a cualquiera. Un gracias puede ser el estímulo para que haga las cosas más simples con gusto y que sepa que no está equivocado en la elección que ha hecho en su actividad. Y seguir.
A nadie le gusta ser nadie, porque todos somos importantes para el mundo. La indiferencia es una de las formas más crueles de maltrato. Es el despotismo encarnado.
Existe tal miseria moral en ciertos círculos, que cuando aparece alguien con valores y principios, entre todos le cierran el paso para que no brille... Y tristemente para esos montoneros: más brilla, entre la oscuridad que generan.
Sigue, no te hagas uno de ellos, sigue tus convicciones. Mientras más "nadie" te quieran hacer sentir, más "algo" eres. Y siempre habrá quien lo vea y lo valore, además de tú mismo. El saber que hacer lo correcto da más satisfacción que la aprobación de esas personas.