Porque no lo merecen
esos dueños del odio
que se creen dueños
de nuestras vidas
para desbaratarlas
en cualquier guerra,
creando infiernos
para dominarnos.
Porque no lo merecen,
esos tipejos
de poca monta,
hoy no vamos a llorar.
Al contrario, los que podamos,
(por estar en algún sitio
que en este instante
no esté siendo bombardeado),
riamos fuerte,
hasta cubrir al mundo con
nuestras carcajadas,
que a la vez,
cubran a todos los que están
sufriendo.
Conviértanse los sonidos de la risa, en luz impenetrable
y divina, que los abrace y los proteja, de los efectos
de toda la sinrazón del odio
de esos tipejos rapaces,
hasta que los paralice
en definitiva.
Ni una lágrima merecen.
Inexistentes los haremos con toda nuestra risa.