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lunes, 18 de diciembre de 2023

Locura comprista navideña

La blanca Navidad ya va a llegar (igual que todos los años) y la gente corre y corre (como todos los años) compran, despilfarran, hasta se endeudan, por comprar los regalos con que a nadie van a satisfacer. El tráfico, ¡uf! Un verdadero dolor de cabeza. Y los accidentes a la orden del día. Que la cena, que los vinos, que los arbolitos, luces, regalos y cuanta cosilla accesoria. 

Yo ya me eché encima el primer pleito familiar, por el choque de modos de ser, por sus banalidades (para mí) versus mi austeridad (para ellos amargura). Fui tan grosera con alguien que hasta le pedí perdón al día siguiente. Me pasé de pesada. 

No sé de qué forma decirles para que me entiendan que yo no voy con nada de eso, que no me tengan regalos y que no me inviten a cenas especiales de tradición, con vinos, villancicos. Frank Sinatra (que lo detesto) y tener que vestir más o menos decente, cuando tal vez yo quiera andar esa noche en pijama y cenar unas sabritas con salsa Valentina, Maggi y limón, cacahuates y palomitas de maíz, o una hamburguesa de la esquina o cualquier otra chuchería pecaminosa para cualquier nutriólogo. Pues yo cocino rico y muy sano, lo mismo en febrero, que en noviembre y tal vez no quiera hacerlo en Navidad. 

- Mientras yo viva, la tradición seguirá viva, me dijo.

- Yo detesto tus navidades, le dije. 

Y ya saben, se amplió la discusión con argumentos tan inútiles y, de mi parte, ofensivos, hasta el intempestivo colgado de teléfono, después del chantaje de la silla vacía si no vienes, etc. Cuando para mí no es un motivo para la fiesta. ¿Por qué fiesta, si va a conmemorarse el nacimiento de quien van a matar en marzo o abril de la manera más cruel y vergonzosa? 

Ah! Y en marzo-abril, aprovechamos su deceso para irnos de vacaciones. Desde que lo supe, yo no lo apruebo. No creo tampoco aprobarlo hasta el día de mi muerte.

Cada año el mismo brete y cada año, cada parte deseando cambiar a la otra parte. 

Y cada año algún cabrón poder, encontrando miles de Jesucristos y Marías a quienes seguir eliminando de la faz de la tierra, con la misma brutalidad que hace 2023 años impunemente. 

Conmigo no cuenten tampoco este año para fiesta. Estoy de huelga de fiesta navideña y de cena y de todo eso, porque me duele con tan solo imaginarme muy oronda ante lo que hay. No podría con los remordimientos de saber que mucha gente está afuera, sin siquiera saber si pasarán la noche vivos. 

jueves, 14 de diciembre de 2023

Los Chirimikis

Así se auto nombran. Desde barrios muy lejanos, llegan cada uno por su lado, todas las mañanas, a la cafetería de una gasolinera. 

Parecían marido y mujer, pero resulta que son cuñados. Allí se reúnen para desayunar. A eso de las 6:30, máximo 7:00. Ella todavía con el pelo mojado, corto, rizado, veteado de rubio, canoso y negro, con mucha crema Nivea en su cara pecosa de sol y años, muy perfumada, limpiecita y su risa también muy clara y estruendosa que siempre la acompaña, o más bien es la risa la que la lleva o la arrastra. Él muy serio, con manos muy maltratadas, con cicatrices de todo tipo. Son de ancianos los dos. 

Él lleva en topers el desayuno que le hace su mujer y ella patrocina los cafés, jugos a veces, tortillas o pan y se reparten. Lo que compre es el pase para poder comer en una mesa, lo que lleva el hombre y que recién les cocinó con esmero la hermana de ella. 

La plática de lo que sucedió el día anterior, es el condimento. Ella siempre tiene historias, muy tenebrosas, de sus vecinos, de gente conocida, de su familia, de ella misma, de su marido que ya dejó de beber alcohol, desde que se juntó con ella. 

El hombre solo la mira y la escucha, asintiendo y con alguna que otra interjección oportuna, poco deja ella para hablar, ya que es dueña de todas las palabras y muchas palabrotas también. Él se ruboriza a veces con las ocurrencias de ella, que no tiene límites. 

Terminan su desayuno y salen a buscar su aventura, como dos chiquillos. 

Van a unas colonias cercanas de ricachones en donde se ofrecen a pintar las casas, a barrer, arreglar jardines o cualquier arreglo de fontanería, electricidad, hacer mandados. De todo. Tienen toda la clientela que sus fuerzas les dan. 

Para las 5 de la tarde terminan su faena y regresan a la cafetería para comer una torta, tamales, tacos o un sándwich y pan dulce. Ríen mucho con las "charras" que ella cuenta de lo que pasaron en la jornada. Se reparten al 50 y 50 las ganancias y, en la puerta, se despiden para el día siguiente, también riendo. 

Ella es la prueba de que feliz se nace, se vive y se muere, quien así es, aunque no haya ningún motivo para serlo. Pues a toda tragedia, que las tiene a diario, le encuentra el chiste.  

Allí van Los Chirimikis, a risa y risa cada mañana, cada día, cada tarde, hasta que el cuerpo les aguante y sus manos sigan fuertes, con las ganas de que sea por muchos años más. 

Desconocía la palabra y es muy acertada. 

martes, 12 de diciembre de 2023

Ni una lágrima

Porque no lo merecen
esos dueños del odio
que se creen dueños
de nuestras vidas
para desbaratarlas
en cualquier guerra,
creando infiernos
para dominarnos.

Porque no lo merecen,
esos tipejos 
de poca monta,
hoy no vamos a llorar. 

Al contrario, los que podamos,
(por estar en algún sitio
que en este instante
no esté siendo bombardeado),
riamos fuerte, 
hasta cubrir al mundo con
nuestras carcajadas, 
que a la vez,
cubran a todos los que están
sufriendo.

Conviértanse los sonidos de la risa, en luz impenetrable
y divina, que los abrace y los proteja, de los efectos 
de toda la sinrazón del odio 
de esos tipejos rapaces,
hasta que los paralice
en definitiva. 

Ni una lágrima merecen. 
Inexistentes los haremos con toda nuestra risa.