Espero que en esta otra vez, un mayor número de personas te acojan en su corazón, para que la nada y el vacío deje de ser tan abrumadoramente expansivo.
Espero que sea la ocasión para que la gente sea más generosa, humilde y fraterna: amorosa. Menos ella y más nosotros.
Espero que esta vez tengamos menos motivos de decepción para ti. Aunque tú eres perfecto y todo nos perdonas.
¿No has pensado alguna vez dejar de ser perfecto?
Muy a menudo no merecemos tu perdón. Yo si he pensado que tu perfección ha sido tu defecto y nuestra perdición.
Todavía, a pesar de los resultados, no aprendemos a moderar el libre albedrío. Hemos sido tan ingratos que te negamos, te matamos o te sustituimos por otros dioses tan baratos que hasta se pueden comprar.
Hace falta que nos digas ¡Basta! Porque no sabemos poner un tope a nuestros defectos.
Espero, siempre espero. No me permitas que mi fe se achique. Es tanto lo que debo agradecerte, que mi pecho se alborota y los ojos se me humedecen.
Todo tengo contigo. Estás hasta en lo más mínimo que puedo percibir. Y lo percibo porque tú eres quien lo propicias. Solo tú.