En lo cercano, cortamos con esa persona, dejamos de frecuentarla. Así sea nuestro más pariente.
¿En lo virtual? ¿Se puede mantener un vínculo con gente que piense de manera opuesta a la nuestra? ¿Hasta cuándo? Y a la vez, si todos pensáramos igual, sería muy aburrido. Entre loas y aplausos, sin nada por reflexionar, nadie evoluciona.
Pues ser diferentes enriquece, nos aporta flexibilidad y nos amplía el criterio. Pero ¿hasta qué punto? Habrá momentos tan importantes en que tengamos que tomar partido y ya no se tiene esa apertura e inclusión, porque hay que definirse.
Por ejemplo en las guerras.
¿A quiénes que no piensen como tú le brindarías asilo, en caso de requerirlo?
Después de mucho pensarlo, la soledad se siente, arrolladora e implacablemente. O por no estar solos, caemos en una superficialidad e hipocresía de espanto, al tratar de llevarnos bien, sin tocar ninguno de los temas importantes. ¿Hasta cuándo aguanta el lazo sin romperse?