Días como breves poemas y noches de prosa fácil, en tiempos de arena escurriendo entre los dedos.
Pasó un remolino ¿O torbellino?
Ese viento de andar loco y giratorio, que arrastró o lanzó lo material que encontró a su paso, barrió los campos y mareó a medio mundo con sus maneras.
Después, dos pajaritos, no podían convencer a su diminuto hijo, de que soltara la rama, a donde lo mandó el viento, a la que se aferraba con toda su fuerza y solo llorar podía. (El tono de su piar era así, de llanto). Lo alentaban de mil maneras, sin buen resultado.
Cambiaron la estrategia. Uno de ellos con su pico lo subió en el otro, quien inició un vuelo muy lento y suave, hasta que el pichón recuperó la confianza y reanudó su primer vuelo, que le había interrumpido el torbellino.
Tuvo mucha suerte el pequeño. Van juntos y felices los tres.
Poder verlo, un regalo grandioso.