Me gusta mucho despertar antes de que la ciudad lo haga. Recuerdo a mi madre (quien no conocía lo imposible), en una época en que, madrugando ayudó desde la cocina, a mi padre por situación de "vacas flacas". Y curiosamente, es un recuerdo muy dulce, porque entre todos echamos a andar de nuevo el barco familiar.
Gozo al ir viendo cómo poco a poco la luz va apareciendo por mi ventana, y de salir a veces al patio a respirar la mañana y escuchar como van despertando coches y casas. Ver cómo las estrellas desveladas y con el rimel corrido, muy borrachas de noche, se retiran a dormir en el turno de las libertinas. Y la luna, con las medias deshilachadas y ojeras de aburrimiento, de haberse pasado la noche escuchando sandeces de tanto desvelado.
Le gano a todos de por mi rumbo. Solo algún que otro perro detecta mi madrugar. No hago mucho ruido porque en un instante crearían un alboroto que rompería a ladridos este paraíso.
Shhh... Dejo que la semana amanezca despacio y quedamente, para que desperdigue infinidad de bondades por todo el mundo, tan hambriento de ellas.
¡Sea!
Los abrazo desde este sitio de paz tan lindo en Chihuahua, o sea, desde mi casa para el mundo.
