"La paciencia es un don divino".
y por la paciencia, lo esperamos.
San Agustín
Paciencia
"La paciencia es un don divino".
San Agustín
Paciencia
Te escribiré cada día, de los que quedan en este año. Hay suficiente espacio en este blog y, no tendré necesidad de escribir versillos en servilletas de restaurantes, bares de mala muerte o tugurios, a las tres de la mañana, con aliento de tabaco y alcohol del más corriente, entre las compañías más divertidas y de peor fama de la ciudad.
¡Eiyt! ¡Eiyt! que yo no soy de andar en bares. Ya me había entusiasmado.
Quise verme la más maldita, muy femme fatale y, me sentó fatal, sin verme mínimamente fatal de "poesía maldita" (ignora tú esa parte, no regreso a borrar).
Con este recurso, no tendré que garabatear versos en donde sea, ni siquiera en hojas caídas de árboles, como aquella noche imborrable.
En hojas caídas, imposible este año, en que el otoño vino muy "acobardao". Ya casi lo desplaza el invierno y aún no ha sido para desnudar a ningún árbol.
Parece que al otoño se le ha mermado la osadía; aquella fiera pasión intempestuosa, que le dio la gran fama seductora.
Por lo del "elegebeté y ve tú a saber qué más hierbas se les ocurre agregar por ahí", el otoño ya tampoco sabe cómo ser, actuar, ni externar su naturaleza, dentro de las clasificaciones vigentes y sin ganarse demandas legales.
Muy complicada han puesto la sexualidad, hasta para él, y todavía no acaba de decidir si será otoño, otoña, otoñe o qué cosa. Quiere primero ver a sus abogades. El verano le dijo: "aguas", que ya no es como era.
Me quedan veintitantas hojas del 2024 para escribirte cuanto prometo. Espero hacerlo, sin que surjan distractores, como el problema del pobre y angustiado otoño, por lo que ya no escribí hoy.
Yo a ti, te pienso en palabras, te imagino en palabras, te comprendo en palabras. No conozco tu rostro, ni tu cuerpo, ni tu sonrisa, ni tus manos, ni tu voz. Ni tan solo conozco tu nombre real.
Pero es así, yo a ti, te quiero en palabras. A través de todas las palabras que has sabido agrupar y publicar y con las que me he acompañado en días felices y en los aciagos.
Tú a mí, me tienes en palabras y cuentas conmigo y no lo sabes, aunque sí que lo imaginas y lo deseas y lo necesitas, por eso estas leyendo aquí. Y tus palabras y las mías, se enlazan a la distancia, se toman de la mano, para dar un paseo o mil, Por cuántas partes han andado tus palabras y las mías, muy bien escritas, perfectamente leídas. ¿Por cuántas?
Así es mi cariño de lejos. Así es el amor de blog. Siéntelo, como lo siento yo.